La casa de huéspedes Sa Taronja es una antigua granja mallorquina reconvertida en una bio-finca de retiro cultural.
“Se vende”. Esas dos palabras, anunciadas en un letrero a la altura del nº 35 de la Carrer de Andalucía, fueron suficientes para que el pintor alemán Hartmut Usadel pusiese en marcha un centro cultural en la localidad mallorquina de Andratx.
Hasta aquel momento y desde la década de los sesenta, el lugar había funcionado como la mayor granja de pollos de las islas Baleares. Pero aquel 1997 el artista se enamoró de la finca enclavada a los pies de la Sierra Tramontana y la convirtió en su estudio. Sólo para después transformarla en una galería informal y un centro cultural que albergase a artistas de todo el mundo con el objetivo de crear y exponer sus obras.
En unos años, había convertido los tres gallineros originales, de 80 metros de largo, en diversos estudios, una galería e incluso un pequeño teatro, que alcanzó su máximo esplendor acogiendo un concierto de la Orquesta Sinfónica de Berlín.
La nueva restauración de Sa Taronja
Tras el fallecimiento de Hartmut, su íntima amiga Tina Horne gestionó el centro como espacio de apoyo para las actividades culinarias hasta 2017, cuando un nuevo propietario se hizo cargo de continuar el legado cultural de Sa Taronja, con un proyecto dividido en dos fases dirigido por el estudio beef architekti.
La primera, centrada en las tres grandes salas que en su día fueron gallineros y más tarde estudios de artistas y galerías, sigue debatiendo los planes de renovación con el municipio, de modo que se preserve la tradición cultural de la isla. La segunda, ya concluida, consistió en una nueva restauración de la casa de piedra, de más de 300 años de antigüedad, ahora convertida en una bio-finca de retiro.
Con cuatro apartamentos y un despacho para el director, la casa se ha desprovisto de casi todos los añadidos modernos para dejar al descubierto la estructura de piedra original en su forma natural y sólida. En la zona de la cocina común, se ha creado una abertura más grande en la fachada norte para mejorar la luz natural y conectar con la calle. Además, los elementos de madera originales se han reforzado para darles estabilidad, conservando su color original.
En el exterior, resalta la conexión entre la casa y el patio, con una zona cubierta que prolonga el espacio de forma natural. Y el toque moderno procede de un patrón de sombreado que se repite por toda la casa, obtenido a partir de una sencilla celosía de madera.


