Por Marta Martínez
Al principio, no era más que un antiguo gallinero reconvertido en sala de trabajo para una joven pareja de creativos. Después, tomó la forma de un modesto taller de diseño de mobiliario pintado a mano. Hoy, se posiciona como uno de los estudios de producción decorativa de mayor relevancia en Estados Unidos. El colectivo artístico de los Porter es, en definitiva, un negocio familiar de dimensiones nacionales que no para de crecer.
Todo empezó, una vez más, con una historia de amor. Tracy acababa de mudarse a Chicago después de trabajar como modelo en París. John, recién licenciado en Bellas Artes, también regresaba a casa después de haber estado viviendo en Italia un par de años. El flechazo fue instantáneo. Nada más casarse, se mudaron a la humilde granja de Wisconsin donde montaron el taller que lleva más de treinta años activo. Allí comenzó su aventura, al principio ingenua, nacida fruto de la curiosidad insaciable, pero también, cómo me reconoce Tracy, de la desesperación económica. «Como en cualquier aventura, ha habido muchos obstáculos, pero es justo en esos momentos difíciles cuando más hemos aprendido».
Su primer negocio juntos, el de la línea de muebles y accesorios pintados a mano, comenzó a exponerse en boutiques de lujo de todo el país. Al poco, se adentraron en el diseño, entre otras piezas, de vajillas y alfombras, pasando por tarjetas de felicitación hasta papel pintado. Actualmente, se encargan de una cuidada y ecléctica selección de piezas de uso informal, aplicando un enfoque artesanal y rebautizando así la unicidad de cada rincón.
Viven y trabajan en el campo, en el valle de Santa Ynez (California), con sus cuatro hijos y una incontable multitud de animales. Mientras que John se ocupa de los aspectos jurídicos, financieros, logísticos y tecnológicos, “Yo hago un poco de todo: me encargo de lo creativo, del marketing y de orientar el negocio en general”, explica Tracy sobre el equipo. Por su parte, su hijo Siggy se encarga del servicio de atención al cliente. Y por otra, Fin, su otro hijo, se encarga del almacén.
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