Tangerine Temptation: cuando Saint Laurent abandona el negro y lo gana todo

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©Saint Laurent ©Nadia Lee Cohen

La última campaña de Saint Laurent, firmada por su director creativo Anthony Vaccarello, no avisa, irrumpe. Y lo hace con el color más improbable que la maison podría haber elegido: un naranja mandarina que lo cambia todo sin renunciar a un solo gramo de identidad.

Desde que Vaccarello tomó las riendas de la casa en 2016, Saint Laurent ha construido su lenguaje visual sobre la austeridad cromática. El negro como filosofia, como postura, como declaracion de intenciones. Las campañas más recordadas de su etapa tenían eso: una monocromía densa, cinemática, que funcionaba como una especie de tipografía. Por eso Tangerine Temptation descoloca al principio.

El naranja mandarina que protagoniza esta campaña no llegó por accidente sino como capricho de temporada. En el universo que Vaccarello ha construido para Saint Laurent, nada lo hace. Este tono en particular opera de una manera muy concreta: crea tensión. El tipo de tensión que te hace parar el scroll, que interrumpe el ritmo visual del feed antes de que hayas procesado por que.

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©Saint Laurent ©Nadia Lee Cohen

Es un color con propiedades casi conductuales. En el contexto de la moda de lujo, el naranja mandarina actúa como una señal de alarma elegante. Llama la atención sin pedirla. Y eso, en términos de imagen de marca en 2026, vale más de lo que parece.

Lo que resulta especialmente inteligente en la propuesta de Vaccarello es que la saturación del color no entra en conflicto con la arquitectura de las prendas. Las siluetas siguen siendo las de siempre: estructuradas, contenidas, construidas con esa precisión que caracteriza a la casa. El naranja se impone en popelines, en faldas de tafetán fluyentes, en destellos sobre denim desgastado. Convive con el siena y el rosa pálido en lo que la propia firma describe como una paleta veraniega para estar en movimiento.

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©Saint Laurent ©Nadia Lee Cohen

Que Vaccarello haya elegido a Nadia Lee Cohen para fotografiar y dirigir esta campaña no es un dato menor. Es probablemente, la decisión más reveladora de todo el proyecto.

Cohen es una fotógrafa y cineasta británica que creció entre Los Ángeles y la cultura americana del suburbio. Se graduó con honores en el London College of Fashion, pero es en California donde encontró su lenguaje propio: un universo de colores saturados, escenas hiper estilizadas y una teatralidad que enturbia los límites entre lo real y lo construido. Sus referencias van de Alfred Hitchcock a Stanley Kubrick, de Cindy Sherman a William Eggleston. Lo que produce no son fotógrafas de moda al uso: son viñetas con argumento, frames de una película que nadie roda pero que todo el mundo reconoce.

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©Saint Laurent ©Nadia Lee Cohen

Trabajó para Balenciaga, Gucci, Maison Margiela, Schiaparelli y Valentino antes de llegar a Saint Laurent. Dirigió videoclips para Beyonce, Katy Perry, Tyler the Creator y ASAP Rocky. Fotografió a Pamela Anderson, a Lana Del Rey, a Kim Kardashian

En Tangerine Temptation, Cohen lleva su sensibilidad habitual a un terreno nuevo: el de las piscinas y los patios traseros de Los Ángeles, ese espacio doméstico y solar que ya conoce bien. Cada encuadre parece demasiado perfecto para ser casual, demasiado construido para ser real. La espontaneidad ha sido editada hasta desaparecer y en su lugar queda algo más importante: el control absoluto de la atmósfera.

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©Saint Laurent ©Nadia Lee Cohen

Lo que ocurre cuando el lenguaje de Cohen se cruza con el de Vaccarello es una especie de noir bañado en luz. El ADN oscuro y seductor de Saint Laurent sigue ahí, pero filtrado a través de una paleta neón que lo convierte en algo diferente: más autoconsciente, más performativo, más consciente de que está siendo mirado.

La elección del casting es otro guiño cultural que merece atención. Hayley Biber ejerce de protagonista absoluta en una serie de imágenes que la posicionan como musa contemporánea de Vaccarello. No es la primera vez que el diseñador la elige pero en Tangerine Temptation la presencia de Bieber tiene una dimensión narrativa clara. Es el centro de esa vignette californiana que Cohen construye con precisión milimétrica: compuesta, distante, magnética.

A su lado, Lina Zhang y Jake Hodder completan un trío que amplía el alcance de la campaña sin fragmentarlo. Cada figura habita el mismo mundo visual con coherencia, contribuyendo a esa sensación de universo cerrado y autocontenido que las mejores campañas de moda producen cuando funciona. 

El resultado final, como describe la propia cobertura de la campaña, captura “una tensión entre la quietud y la expresión, disciplinada pero magnética”. La mujer Saint Laurent que emerge aquí no necesita moverse para que se note su presencia. La actitud está en la postura, en la distancia, en cómo la ropa cae y en cómo ella decide mirarte.

Ninguna gran campaña de Saint Laurent es solo ropa. Los accesorios son siempre personajes en sí mismos, y en Tangerine Temptation los bolsos funcionan como anclajes narrativos en cada imagen.

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©Saint Laurent ©Nadia Lee Cohen

El Hortense, el Niki y el Amalia son los tres modelos que aparecen a lo largo de la campaña, moviéndose de encuadre el encuadre con una presencia que los coloca más cerca de los actores que de los atrezzo. Es una manera de presentar el producto sin que parezca que se está presentando: integrado en la atmósfera, perteneciente al mundo que Cohen y Vaccarello han construido.

Saint Laurent lleva años construyendo un lenguaje visual de alta coherencia bajo la dirección de Vaccarello. Esa consistencia ha generado una identidad muy sólida, reconocible, pero también susceptible de converse predecible. La pregunta que una firma como esta tiene que hacerse en algún momento es: ¿cómo evolucionamos sin romper lo que somos?

No hay ruptura sino expansión. El naranja mandarina no sustituye al negro, lo acompaña, lo desafia, lo enriquece. Los mismos códigos de austeridad, de control, de seducción sin esfuerzo aparente, pero envueltos en una paleta que los hace visibles de otra manera. Es un movimiento calibrado, y el hecho de que Cohen esté detrás del objetivo garantiza que esa calibración ocurra en el territorio de lo cinematográfico y lo emocional, no solo en el de lo publicitario.

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