En la Semana de la Moda de París, Roger Vivier presenta su colección Otoño-Invierno 2025/26: La Rose Vivier.
Bajo la dirección creativa de Gherado Felloni, la rosa florece y vuelve a ser la protagonista en los diseños de la Maison. La Rose Vivier es una oda a la belleza atemporal, donde esta flor se reinventa con un enfoque moderno y audaz. Cada creación captura la esencia de la mujer: delicada pero atrevida, romántica pero fuerte.
Desde la década de 1940, la rosa ha sido un símbolo clásico en las obras de Roger Vivier. Ya sea en colaboraciones históricas como la de 1943/44 con la sombrerera Suzanne Rémy, o en el icónico Talon Épine; ha sido un emblema de feminidad, belleza y arte natural. En esta nueva colección, Felloni no solo preserva el significado de la flor, sino que introduce nuevas narrativas visuales. La rosa deja de ser un adorno decorativo; ahora es visto como un elemento escultural, elaborado con técnicas modernas que rinden homenaje al arte de la joyería.
Entre las piezas más destacadas se encuentra la mule Rose Vivier, que rememora a un diseño de 1965, cuando una rosa roja de satén adornaba la puntera cuadrada de un zapato blanco de algodón. Esta temporada, la flor se transforma en una escultura creada mediante la técnica de fundición a la cera perdida. Con una apariencia casi real, se compone de múltiples capas: un denso capullo central rodeado de pétalos delicadamente colocados. Un auténtico tributo a la artesanía de la Maison.
El bolso de mano Rose Vivier es otro de los protagonistas. Con una elegancia geométrica, su cuerpo de estructura rectangular se combina con una asa circular decorada con espinas, que puede recogerse por completo y convertirse en una caja minimalista cubierta de satén con ángulos preciosos y afilados. Está disponible en tonos vibrantes como el rosa, verde, naranja y morado.
Además, la colección incluye versiones renovadas de dos diseños emblemáticos de Roger Vivier: el bolso Belle Vivier y el Slingback. Se presentan en combinaciones nuevas y atrevidas de colores como naranja, violeta, rosa y burdeos. También destaca un llamativo estampado de leopardo sobre piel de becerro, inspirado de los archivos.
Por último, el tacón Virgule, que fue diseñado por monsieur Vivier en 1955, regresa esta temporada con una versión renovada. Este tacón joya, con su esfera distintiva, adorna los zapatos de salón, sandalias y los slingbacks, aportando un toque de glamour atemporal a cada paso. Los delicados recortes y las correas de piel que acompañan a estas piezas refuerzan la elegancia única de la colección.
Pero, más allá de ser una muestra de moda en París, La Rose Vivier fue una auténtica presentación artística que transportó a los asistentes a una experiencia sensorial y visual única. Emilie Fouilloux, encargada de la dirección artística, convirtió el evento en un homenaje al estilo de la Maison y el teatro parisino.
El escenario, con un fondo de espejos y un juego de luces y sombras, ofreció una atmósfera onírica, casi mágica. Dos grupos de seis bailarines del cuerpo de ballet de la Ópera de París, junto a Alice Renanvand, Étoile de la Ópera, interpretaron una coreografía de Yvon Demol. El espectáculo capturó la esencia del movimiento y la elegancia, y los fluidos gestos de los bailarines reflejan el delicado despliegue de los pétalos de la rosa.
La Rose Vivier es una expresión de la eterna conexión entre la moda y el arte. Gherardo Felloni ha logrado reinventar el símbolo de la rosa, transformándola en una metáfora de la mujer moderna. A través de cada pieza, desde las esculturas florales hasta los clásicos renovaos, la colección transmite una visión de lujo que no solo se ve, sino que se siente. Es un testimonio de que la casa de moda sigue floreciendo, siempre con la promesa de sorprender y emocionar.


