La buena suerte es la nueva película de Hugo Silva y Megan Montaner, dirigida por Gracia Querejeta. Adaptando a Rosa Montero, cuenta la historia de Pablo (Hugo Silva), un afamado arquitecto que, en un momento de crisis provocado por su estrés ante los actos delictivos de su hijo, decide instalarse en un pueblo de La Rioja. Sin embargo, es también la historia de Raluca (Megan Montaner), una optimista hija de inmigrantes rumanos a quien conoce. Ahora, hablamos con la actriz para conocer su lado de la historia y cómo vivió el proyecto.
¿Cómo conociste esta historia? ¿Por el libro?
Pues fue porque Gracia me lo envió, yo ya había trabajado con ella hace muchos años y bueno, con ella guardo amistad. Y me dijo que me mandaba el guion, a ver qué me parecía. No me había leído la novela anteriormente. Entonces dije: «voy a verla un poquito más a fondo, ya por conocer más a los personajes». Y luego por supuesto ya me comentaron quiénes iban a estar en el reparto y me hacía mucha ilusión volver a coincidir con Hugo, que habíamos hecho juntos una película hace 11 años y todo era un buen plan como para llevarlo hacia adelante.
No sé si tú tienes esta impresión. Esta es una película descentralizada de Madrid, en un pueblo, que tu personaje, sus padres son rumanos, ¿tú crees que está cambiando un poco el cine español en cuanto a representación de espacios y gentes?
Yo creo que está todo el rato, un continuo movimiento de ver diferentes situaciones, ya sea en ciudades, ya sea en interiores, en pueblos más abandonados, que de hecho precisamente yo creo que ahí busca un poco la historia, el irte a ese lugar que te paraliza precisamente, que no sucede nada, que es lo que yo creo que le pasa un poquito a Pablo.
Sale de ese mundo de éxito de la ciudad y todo para parar en la vida y decir, mira, me voy a comprar este piso en medio de la nada porque necesito hacer un momento ‘break’, pararlo todo, de un modo desesperado por la situación que tiene.
Volviendo a tu personaje. Los actores siempre cuidáis vuestro personaje en concreto y el tuyo vive casi una historia en paralelo. Desde su perspectiva, más o menos estabilizada, de repente conoce a Pablo.
Ella tiene sus traumas también, pero generalmente los aborda desde otro lugar, más constante como acabas de decir. ella desde un inicio conoce esa falta de no tener a los referentes paternos a su alrededor, porque se ha criado en centros de acogida. Pero bueno, no sé si será por eso que ella estaba acostumbrada a una vida más difícil o que intentaba ver el lado bueno de las cosas.
Por eso supongo que ella tiene este carácter muchísimo más positivo, más enérgico. Es muy esperanzadora en todo momento, siempre ve las cosas buenas que le pueden surgir en el día a día, aún estando en un lugar tan inhóspito en el que no pasa nada, pero ella sí lo encuentra. Y claro, la llegada de Pablo es la novedad y la motivación que tiene en ese momento para volver a resurgir otra vez y decir, quiero seguir mirando hacia adelante, quiero volver a hacer lo que antes hacía cuando estaba en Pamplona, que es una conversación que tienen ellos sobre su pasado. Como que vuelve a encender en ella la chispa de querer continuar hacia adelante.
A él de alguna manera lo obliga también a decir, chicos, los problemas van a estar siempre ahí. Ya que están, aceptémoslos y salgamos hacia adelante.
El camino para llegar a este personaje, a darle vida, ¿cómo ha sido? ¿Ha sido muy conjunto con los otros actores, con Gracia o cómo lo preparaste?
Hombre, lo preparamos desde luego con Gracia, haciendo ensayos, lecturas, pero como era también un personaje que estaba ya tan bien construido, porque venía de la novela de Rosa, más allá de las licencias que se dio Gracia para adaptarla al cine, tenías ya la estructura completamente montada. Ya era una cuestión más de que le gustara mi modo de interpretar a Gracia que otra cosa.
Y sí que es cierto que ella tenía muy claro cómo quería abordarlo. Yo, que soy muy eléctrica y enérgica, más que en el caso de Raluca, en cuanto a físico, me intentaba bajar mucho la energía. Vamos a intentarlo más pequeño. Dentro de todas las desvergüenzas de esta mujer, y lo parlanchina en comparación con lo parco en palabras que es Pablo, intentaba reducirlo.
Fue un trabajo muy de intuición al final, tirar de tu intuición y contar con la aprobación de Gracia, que al final ella es la que decide si está bien o mal.
Has hecho mucho cine, también has hecho mucha televisión. ¿Cómo ves esta dicotomía?
Yo estoy encantada de poder hacer las dos cosas. De que me ofrezcan proyectos y de poder tener vida. Porque al final, si te va surgiendo un poco de cada cosa, es genial. Los proyectos de cine te llevan menos tiempo, puedes conciliar más. Y los proyectos televisivos es un poco más de tiempo. Pero si vas encajando bolillos unos con otros, es maravilloso.
¿Y crees que de cara al público quizá, esto que se dice ahora de tanta oferta en televisión, plataformas de ‘streaming’, que quizá pueda alejar a la gente de una película así? O una película en general, por sobre oferta.
Al final sí que es cierto que se hacen tantas cosas que ya no llegas casi ni a poder consumir todo lo que te están ofreciendo. Yo precisamente creo que lo guay que tiene esta película es que el discurso que tiene y la reflexión que hace sí que invita a que ya que hay tanta oferta, pero que hay cositas que sí que nos llegan a tocar y que te sientes identificado y que te plantean situaciones que son realmente importantes e interesantes.
La situación de Pablo, por ejemplo. Aguardar un tema así sobre que a un hijo no te caiga bien. Es un tema que no se suele tampoco hablar mucho, que normalmente lo que ensalzamos es lo contrario, lo bueno. ¡Ay, mi hijo que bien ha hecho esto! Abordar algo así creo que es interesante. Yo como espectadora lo vería y me interesaría ver algo así, porque además junta varios elementos.


