En 2025 celebramos el centenario del nacimiento de Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria,1925 – Madrid, 2019). Un año de eventos para hacer honor a su trayectoria y legado. Hay personas que saben mover nuestras ideas y nuestras actitudes, y hay ideas y actitudes como son el compromiso, el rigor y la conciencia crítica, que parecen condensarse en algunas personas. Martín Chirino fue una de ellas.
Por: Jesús M. Castaño
Una de esas personas que siempre, incluso en los tiempos más difíciles, tuvo claro que una cultura es lo que hemos sido, pero sobre todo es lo que podemos ser. Que ningún proyecto colectivo, que ningún futuro, puede construirse sobre la ignorancia, el temor, la desconfianza o la imposición. Una de esas personas que siempre han sabido que la independencia nada tiene que ver con la indiferencia, sino que más bien es un contrario; que la libertad de crear no tiene que ver con renunciar a mirar sino, al revés, con poseer una mirada propia. La espiral ya era un patrón presente en la naturaleza. Desde la doble hélice del ADN a los brazos que conforman las galaxias, esta forma se repite en ramas y raíces, en los remolinos del agua de los ríos, en la retícula que teje la araña, en la fuerza de las mareas que hace rolar las olas, en la estela del viento que roza la piel de la tierra y agita el corazón de la tormenta.
Tempranamente, Martín Chirino tuvo conocimiento de ese mundo simbólico hallado en los grabados presentes en el yacimiento de Balos, o en las pintaderas del Museo Canario donde descubre patrones de signos: círculos concéntricos, discos radiados, cuya frágil huella había sedimentado fosilizada hasta perderse en el tiempo. Las preguntas de Martín Chirino conducen a la espiral como «gesto inquietante de origen oscuro, referente mítico que emerge de la memoria de civilizaciones, hoy olvidadas, para convertirse en enseña de la antigua patria de estos pueblos y razas, quedando como legado misterioso para la interpretación y conocimiento de su historia».
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