La Fundación Loewe ha anunciado al escultor japonés Kunimasa Aoki como ganador del prestigioso LOEWE FOUNDATION Craft Prize 2025, uno de los certámenes internacionales más influyentes en el mundo de la artesanía contemporánea. Su hipnótica escultura Realm of Living Things 19, una obra de terracota innovadora y visceral, ha conquistado al jurado por su impresionante dominio técnico, su poder expresivo y su valiente exploración de los límites del material. Con una dotación de 50.000 euros, el premio reconoce el talento visionario de Aoki, cuya obra desafía las formas tradicionales y reivindica el papel de la creación artesanal como fuerza transformadora en el arte actual.
La pieza ganadora es un ejemplo de cómo la materia cobra vida cuando se trabaja con profundidad conceptual y sensibilidad estética.
En su proceso, Aoki no solo emplea técnicas de enrollado y compresión de finas capas de arcilla, sino que introduce elementos impredecibles como la gravedad y la presión para alterar su forma. Tras una cocción mediante ahumado, la escultura revela una superficie orgánica, llena de texturas, grietas y líneas que parecen narrar una historia contenida en la propia estructura del barro. Es una obra que no busca el acabado perfecto, sino que abraza la imperfección como esencia de lo auténtico.
El jurado, integrado por destacadas personalidades del arte, la arquitectura y el diseño, valoró especialmente la sinceridad del gesto artesanal y la capacidad de la obra para hablar desde lo más elemental del material. Entre sus miembros se encontraban figuras de renombre como la arquitecta Patricia Urquiola, el ceramista Wang Shu o el director del departamento de artes decorativas del Museo del Louvre, Olivier Gabet. En sus deliberaciones, coincidieron en destacar la fuerza silenciosa de la escultura, su magnetismo casi ritual y el nivel de riesgo asumido en su elaboración.
Junto al trabajo de Kunimasa Aoki, el comité otorgó dos menciones especiales a creadores que también han sabido replantear la tradición desde una mirada contemporánea. El diseñador nigeriano Nifemi Marcus-Bello fue reconocido por su pieza TM Bench with Bowl, una estructura hecha con aluminio reciclado proveniente del sector automovilístico. Esta obra, de formas sobrias y proporciones equilibradas, lanza una reflexión sobre la globalización y los sistemas de producción, contraponiendo la crudeza del material con un mensaje que interpela al espectador. Su trabajo es una crítica sutil, pero eficaz, al ciclo de consumo y descarte.
La segunda mención fue para el colectivo indio Studio Sumakshi Singh, que sorprendió con una instalación de gran formato titulada Monument. Se trata de una recreación etérea de columnas del siglo XII elaborada con finísimos hilos de cobre tejidos sobre una base soluble, la cual se disuelve para dejar suspendida en el aire una estructura que parece a punto de desaparecer. El contraste entre su apariencia monumental y la fragilidad de los materiales conmueve por su belleza y su carga simbólica: la memoria de lo construido frente al inevitable paso del tiempo.
Las obras finalistas de esta edición pueden visitarse desde el 30 de mayo hasta el 29 de junio en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. La exposición, cuidadosamente comisariada, reúne trabajos de autores procedentes de 18 países distintos y abarca disciplinas como la cerámica, el vidrio, el textil, la madera o la joyería. Cada pieza representa una forma única de abordar la tradición, ya sea transformándola con materiales contemporáneos o reinterpretándola desde un enfoque personal.
El proceso de selección ha sido especialmente competitivo este año. De entre más de 4.600 candidaturas procedentes de 133 países, solo treinta fueron elegidas para participar en la muestra. Esta selección constituye un panorama diverso y enriquecedor de lo que se está produciendo actualmente en el ámbito de la creación artesanal a escala global. Además, el catálogo que acompaña la exposición y la plataforma digital The Room permiten explorar en profundidad las obras y trayectorias de los artistas seleccionados.
Con este premio, la Fundación reafirma su compromiso con el pensamiento creativo y el saber hacer manual.
Desde su creación en 2016, el certamen se ha consolidado como una referencia internacional para aquellos creadores que apuestan por desafiar los límites de lo artesanal, no solo en términos técnicos, sino también conceptuales. Más que un galardón, este reconocimiento celebra una forma de mirar, de tocar y de entender el mundo a través de los objetos.
Tal como expresó Sheila Loewe, presidenta de la Fundación, el verdadero valor de este premio reside en su capacidad para mantener viva la conexión entre pasado y futuro, entre tradición y vanguardia. En tiempos donde lo inmediato prima, estos trabajos nos recuerdan que la belleza también puede surgir del tiempo lento, de la paciencia, de la escucha profunda al material. Y, sobre todo, del respeto por la historia de lo hecho a mano.


