Una experiencia olfativa que encuentra equilibrio entre los contrastes.
Le Sel d’Issey pretende ser reflejo de la filosofía del diseñador japones Issey Miyake, conserva su minimalismo y encuentra estabilidad aun enfrentando polos opuestos, frescura y calidez. El perfumista francés Quentin Bisch se enfrenta a este reto, la creación de una gama de fragancias con su base en muestras anteriores, que ahora se hacen más intensas, ofreciendo una nueva variante al público que disfruta de los contrastes.
El trabajo de Quentin Bisch se caracteriza por su interés en la experimentación, demostrando la infinidad de combinaciones posibles entre ingredientes, creando experiencias olfativas únicas. Se centra en la búsqueda activa de nuevas materias primas con las que trabajar, obteniendo elementos conscientemente seleccionados para crear combinaciones depuradas y sencillas. Encuentra en el arte de la perfumería una herramienta conmovedora, un símbolo de placer y belleza completamente sensorial.
Issey Miyake Parfums en esta ocasión nos ofrece Le Sel d’Issey Eau de Toilette, Eau de Parfum y Parfum, proporcionando opciones desde lo más suave a lo más intenso, de lo ligero a lo concentrado.
La inspiración sobre la que se basa este repertorio de fragancias se centra en unir mar y tierra, la fluidez y la firmeza, el frio y el calor. El modo en que las aguas salinas dejan marca en el terreno. Las olas que chocan con la arena o las rocas, y se transforman en sal sobre ellas.
Para plasmar estas sensaciones se ha llevado a cabo una fórmula con origen en Francia. Sus ingredientes cuentan con el certificado de calidad Orpur, asegurándonos un producto formado de materiales puros y seleccionados. Además, se consideran fragancias veganas, dado su 92% de ingredientes naturales, teniendo en cuenta su estructura sobre alcohol francés de procedencia natural. Siguiendo a estas características, la composición crea un debate entre la esencia acuática y terrestre. Combina sal y algas del tipo laminaria con otros elementos opuestos, como el musgo de roble, esencia de hojas recicladas de pachulí y flor de ámbar. Y finalmente, el azafrán se convierte en el componente que hace de esta fórmula un estallido de contrastes.
El arte de la perfumería de Issey Miyake no se limita al aroma y su contenido, la experiencia continua a través del frasco, diseñado por el artista japones Tokujin Yoshioka. Su tapón, negro, se crea como prolongación del diseño del frasco. Este último, compuesto en un 20% por vidrio reciclado, está constituido por líneas estructuradas, tintado en tonos marrones mate en degradación, que al desvanecerse terminan dejando pasar la luz a través del vidrio traslúcido.
La presentación de las fragancias refuerza el concepto sobre el que se cimienta el aroma. La transparencia del vidrio, que deja correr la luz a través de él, hace referencia al fluir del mar. Y encuentra un equilibrio con su silueta firme, que permanece consistente como la tierra.
Y no pasa desapercibida la campaña fotográfica, que nos adentra en un viaje de sensaciones, creando una atmósfera única gracias a la dirección y fotografía de Marcus Tomlinson. El director no pierde su propia identidad como artista en este trabajo. Se interesa por la macrofotografía, centrándose en el detalle de los ingredientes, como el ámbar, el azafrán, las algas laminarias o el musgo de roble. E investiga la repercusión de las ondas sonoras sobre cuerpos materiales, disponiendo cuerpos sólidos en posiciones diversas según la vibración de los sonidos. Esto queda reflejado en la sal, creando patrones geométricos que recuerdan a este fenómeno.
Tomlinson completa esta experiencia con colores oscuros, creando sombras. Y nos muestra así la transformación de la sal blanca en negra. Afectando esto completamente al entorno.
Le Sel d’Issey representa un contraste armonioso. Refleja la proporción exacta en la que lo salado se estabiliza con la arena. Hace homenaje al mar que impregna su sal en la tierra, y por tanto también en nuestros cuerpos. Creando una intensidad, como el fuego, que solo transmite energía a quien la lleva puesta.
Le Sel d’Issey es “Una ola salada que se convierte en brasas”, por Quentin Bisch.


