Desde el principio de los tiempos hemos buscado refugio en cuevas y bajo tierra. Allí nació el arte, la consciencia, el manejo del fuego, la artesanía. Lo mejor siempre está profundo. Pasa con la poesía, la música, la literatura… y el Champagne. Las cavas de Ruinart, a 40 metros bajo la superficie de la colina de Saint-Nicaise en Reims, son mucho más que una bodega, son una cuna nívea y sobria que, desde 2015, forma parte de la Lista de Patrimonio de la UNESCO en la categoría de Paisaje Cultural. Descender es, también, viajar en el tiempo, concretamente hasta hace unos 70 millones de años, cuando se creó la creta como resultado de la acumulación de millones de conchas y microorganismos marinos. Este material, con el que se construyó la ciudad de Reims, ofrece las condiciones ideales para la maduración de los vinos: oscuridad, una temperatura constante de 10 a 12 grados e higrometría perfecta.
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