Por Iñigo de Amescua
Algunos maestros trascienden el arte y se convierten en algo más. En divulgadores, filósofos, inspiradores. Ese es el caso de este sabio nacido, y criado, en las calles del Bronx que lleva siendo una fuerza motriz de su arte desde hace 60 años cuando, siendo un veinteañero que comenzaba su carrera como diseñador gráfico conoció a Robert Frank y dijo a su jefe que dejaba el trabajo. Meyerowitz, a sus ochenta y cinco años, ha sido un pionero en la fotografía a color, único testigo visual tras los atentados del 11 de septiembre e hizo evolucionar la fotografía más allá del “momento” de Cartier-Bresson. Meyerowitz no baja los brazos y sigue siendo muy relevante. De hecho, este otoño presenta nuevo libro y nueva exposición en la Tate Gallery de Londres: A Question of Color.
Joel Meyerowitz, (Nueva York, 1938), trasciende el arte al que ha dedicado su vida, la fotografía. Es y ha sido docente, divulgador, director de cine, autor, viajero, inspiración… Pionero del uso de la fotografía a color cuando pocos lo consideraban digna de ser reconocida como forma de expresión artística, su figura es fundamental a la hora de estudiar este arte: el uso del color en la composición, la calle como escenario, la construcción de la escena, la secuenciación fotográfica, el fotolibro, los proyectos fotográficos y, sobre todo, la evolución de un artista a través del tiempo. Meyerowitz ha estado en el centro de todas las fuerzas de la fotografía: Cartier-Bresson, Robert Frank, John Szarkowski y ha sido amigo de grandes de la fotografía norteamericana como Garry Winogrand o Tod Papageorge. Sus libros sobre fotografía, como Bystanders la historia de la fotografía de calle que realizó junto a Colin Westerbeck, son fundamentales para entender el medio y sus reflexiones son siempre valiosas y su actitud siempre relajada, cercana y amable, abierta al debate y a la conversación, supone una revolución en sí misma en un mundo cada vez más egomaníaco y desconectado. Le entrevistamos a través de miles de kilómetros mientras pasa un tiempo en su apartamento de Nueva York. Tras él, una magnífica estantería con libros de Gerhard Richter, Flannery O’Connor, Chuck Close o Bonnard.
Voy a comenzar fuerte, Joel. ¿Qué es esto de la fotografía? ¿Me ayudas?
[Sonrisas] Es cuestión de tiempo y emociones. Ajustas la velocidad del obturador y comienzas a ver cómo la vida se desarrolla a tu alrededor. Nosotros, como seres humanos, somos capaces de responder a todo tipo de mensajes sutiles que provienen de otras personas. Leemos expresiones, miramos el lenguaje corporal… Intentamos medir nuestra percepción del otro todo el tiempo. La sincronización y el poder estar en el lugar correcto en el momento adecuado es esencial. Jugué al béisbol y en este deporte tienes que leer la totalidad de lo que sucede en una breve fracción de segundo. Luego intenté llevar eso a la calle y empecé a anticipar lo que me podía interesar con antelación. La armonía de las calles, la gente que me resultaba interesante, la forma en que algunos andan o se encorvan o se plantan de pie, la forma en que se expresan. Siempre buscaba anticipar lo que pudiera suceder mientras venía hacia mí, me concentraba en leer el texto de la calle.
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