El Museo Picasso Málaga reúne más de un centenar de obras de Edvard Munch y Pablo Picasso en una exposición que explora sus afinidades artísticas, sus obsesiones y su contribución a la revolución del arte moderno, uniendo así a dos pintores nacidos en el siglo XIX y fallecidos en el siglo XX, cuya obra artística merece la pena contraponer y observar detenidamente. La propuesta podrá visitarse del 30 de octubre de 2026 al 28 de febrero de 2027.
¿Qué tienen en común dos artistas separados por una generación, una geografía y lenguajes plásticos diferentes?
La exposición MUNCH-PICASSO, que presenta el Museo Picasso Málaga, propone responder a esta pregunta mediante un diálogo imaginario entre Edvard Munch (1863-1944) y Pablo Picasso (1881-1973). A través de más de un centenar de pinturas, dibujos y grabados, la muestra explora las conexiones entre dos figuras fundamentales en la transformación del arte moderno.
Comisariada por la historiadora del arte Paloma Alarcó, la exposición cuenta con la colaboración del Munchmuseet de Oslo y la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso (FABA), además del patrocinio de la Fundación Unicaja. Reúne préstamos de instituciones internacionales como el MoMA de Nueva York, la Tate de Londres, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Musée national Picasso-Paris, entre otras.

Dos artistas frente a la modernidad
Aunque nunca llegaron a encontrarse personalmente, Munch y Picasso compartieron la voluntad de romper con las convenciones heredadas y explorar nuevas posibilidades expresivas para ampliar los horizontes del arte moderno. Ambos entendieron el arte como un territorio de experimentación en el que las emociones, los conflictos personales y las inquietudes existenciales podían transformar la representación de la realidad.
En la obra de Munch, la intensidad del color, la vibración de la línea y la fuerza simbólica del paisaje transmiten sentimientos como la angustia, la soledad, el deseo y la pérdida. Picasso, por su parte, llevó la fragmentación de las formas y la multiplicidad de perspectivas a nuevos extremos, revolucionando el lenguaje pictórico con el cubismo. En ambos casos, la figura humana deja de responder a una representación armónica y se convierte en un vehículo de tensión emocional.

La relación entre sus trayectorias también tiene un contexto histórico. En 1912, Munch visitó la exposición de la Sonderbund de Colonia, donde se exhibieron obras de Picasso junto a las de otros protagonistas de la modernidad europea. La comisaria plantea la posibilidad de que aquella experiencia haya influido en el artista noruego. Picasso, por su parte, habría conocido indirectamente la obra de Munch a través de figuras del modernismo catalán y, posteriormente, mediante exposiciones en París.
Amor, muerte y deseo
El recorrido se distribuye en dos plantas y se articula en torno a secciones temáticas que permiten descubrir las preocupaciones compartidas por ambos creadores. En la segunda planta, Autorretratos aborda la construcción de la identidad artística; Frente a la muerte examina el impacto de la enfermedad y las pérdidas familiares; y Nocturnos evoca los cafés, cabarets y ambientes bohemios que marcaron sus universos creativos.

Las secciones Femme fragile–Femme fatale y Amor-dolor exploran la representación de la mujer, las relaciones sentimentales y emociones como la pasión, los celos y la angustia. En la planta baja, Desnudos muestra cómo ambos artistas cuestionaron los cánones clásicos del cuerpo, mientras que Alegría de vivir presenta la relación entre la figura humana, la naturaleza y la celebración de la existencia.
La exposición se completa con una sala didáctica, una audioguía en español e inglés y un catálogo bilingüe de 232 páginas, con ensayos de Paloma Alarcó, Trine Otte Bak Nielsen y Vinyet Panyella.

Con MUNCH-PICASSO, el museo malagueño propone reconsiderar dos trayectorias esenciales desde sus puntos de encuentro, mostrando cómo la experimentación formal y la expresión de las emociones contribuyeron a redefinir los límites del arte moderno.


