En la 13ª edición de la Bienal Internacional de Diseño de Saint-Étienne 2025, el reconocido diseñador Erwan Bouroullec irrumpe con fuerza presentandoManmade, una instalación poderosa que explora la tensión y la armonía entre la artesanía local y la industria de alta tecnología. Bajo el lema «Resources), anticipating tomorrow», la bienal se consolida como un espacio de innovación y pensamiento crítico, donde el diseño deja de ser mera estética para transformarse en una herramienta de cambio consciente. Con conceptos como sostenibilidad, empatía, legado y producción responsable en el centro del discurso, Bouroullec invita a repensar el rol del diseñador frente a los desafíos urgentes del siglo XXI, y a imaginar un futuro donde menos sea verdaderamente más.
La obra que presenta se basa en la yuxtaposición de dos piezas muy distintas entre sí, pero que parten de una intención común: crear con sentido. Por un lado, una silla desarrollada en colaboración con una marca suiza, resultado de años de investigación técnica, pruebas y ajustes que desembocan en un producto eficiente, reciclable y producido bajo altos estándares de ingeniería. Por otro, un taburete hecho a mano junto a un carpintero del centro de Francia, construido únicamente con madera recogida a unos pocos kilómetros del taller. Sin ornamentos, sin artificios, pero con una historia detrás.
Esta dualidad no busca confrontar, sino más bien abrir un diálogo entre lo hecho en serie y lo producido con las manos. Ambos objetos, aunque concebidos en contextos muy diferentes, comparten una raíz emocional: están hechos para durar, para ser usados con respeto, para establecer un vínculo con quien los utiliza. No se trata simplemente de comparar métodos de fabricación, sino de valorar el proceso, el conocimiento y la intención que hay detrás de cada pieza.
En ese sentido, la instalación es casi un manifiesto. Una forma de decir que lo industrial no tiene por qué ser frío ni desechable, y que lo artesanal no está condenado a lo marginal. Lo importante, según deja entrever Bouroullec, es la mirada con la que se diseña. En un mundo cada vez más mecanizado y desconectado de los orígenes de los objetos, volver a poner en el centro a las personas que los crean ya sean estos ingenieros o artesanos, es un gesto profundamente político y necesario.
La propuesta se enmarca además en una reflexión más amplia que atraviesa toda la bienal: el uso consciente de los recursos, no sólo materiales, sino también humanos, sociales y territoriales. En este contexto, el diseñador deja de ser un simple solucionador de problemas para convertirse en un mediador entre distintas realidades. Su tarea no es solo pensar en objetos bellos o funcionales, sino entender los ecosistemas de los que forman parte y las consecuencias de cada decisión tomada.
Esta mirada también estará presente en una conversación abierta al público que tendrá lugar el 1 de julio. En ella, Bouroullec compartirá espacio con jóvenes creadores de la ECAL de Lausana, en un intercambio de ideas en torno al papel actual del diseño. Más allá de las palabras, se proyectará un cortometraje que documenta las investigaciones y pruebas realizadas por los estudiantes, ofreciendo una visión fresca y sin filtros sobre cómo las nuevas generaciones se aproximan a los materiales y sus usos potenciales.
La consigna “menos es más”, tantas veces repetida en el mundo del diseño, adquiere aquí un nuevo significado. No se trata únicamente de reducir lo superfluo en lo formal, sino de repensar la forma en que se usan los materiales, cómo se conectan con su entorno y qué tipo de relación establecen con quienes los utilizan. Menos puede significar menos impacto, menos extracción, menos indiferencia. Y al mismo tiempo, más valor, más historia, más sentido.
Así, esta nueva edición de la bienal no se limita a ser una muestra de objetos. Es una invitación a cuestionar hábitos, a escuchar otras formas de hacer, a mirar con otros ojos lo que nos rodea. En tiempos en los que todo parece efímero, el diseño puede recuperar su dimensión más humana. Tal como lo demuestra Manmade, cuando se crea desde el respeto y la sensibilidad, incluso las cosas más simples pueden dejar una huella duradera.


