Por Marta Martínez
A caballo entre la performance y la fotografía, la obra de Nicola Bertellotti destapa la belleza de las ruinas que alguna vez fueron admiradas para ensalzarlas como huellas de un tiempo eterno.
Si el arte, tal y como se conocía hasta finales el siglo XIX, mutó con la invención de la cámara fotográfica, Nicola Bertellotti (1976, Pietrasanta) se ha propuesto recuperarlo a través de ella. Con una investigación estética centrada en la decadencia, el fotógrafo italiano lleva más de una década buscando lugares que aún conserven una sensibilidad tan romántica como la suya.
La primera vez que se aproximó a ella tenía ocho años. En una excursión con su padre a un oxidado parque de atracciones, comenzó un viaje sensorial en el que encontraría su propio camino vital. Y de forma, reconoce, “totalmente autodidacta: lo que sé lo aprendí equivocándome y volviendo a equivocarme”. Como no podía ser de otro modo, después de estudiar Historia en la Universidad de Pisa, se lanzó a visitar todos esos lugares sobre los que tanto había leído para redescubrirlos en una clave más creativa.
Y así, a base de prueba y error, Bertellotti no tardó en darse cuenta de que la única forma de preservar la belleza de sus visitas, el esplendor de los supervivientes graníticos, como explica, “era conteniendo algunas de esas emociones que sentía en el camino” con su primera cámara réflex Nikon D40X. Pero su obra no es exactamente fotográfica; tampoco consiste en ensalzar el estado de los restos arquitectónicos con los que se topa. Más que documental, su práctica es una performance nostálgica donde los lenguajes estéticos se entrecruzan. Es una representación sobre la destrucción progresiva que destapa los vestigios del abandono como prueba de la fuerza de la naturaleza frente a la fragilidad humana.
Con un concepto artístico tan potente, no sorprende el imparable ascenso de su obra desde 2013. Además de exponer habitualmente en Italia y en el extranjero, la edición de su primer libro de fotografías, ‘Fenomenología del fin’ (2014), por la editorial Petrartedizioni, le brindó un reconocimiento que hace poco le ha llevado a publicar ‘In absentia’ (2022), un volumen antropo-ontológico sobre la obra del ser humano.
¿Qué tipo de arte es aquel que fotografía otras obras de arte?
Con eso me refiero a la sensibilidad romántica de la pintura del siglo XVIII que impregnaba la contemplación de la naturaleza y las ruinas con un fuerte componente melancólico, una nostalgia poética por la armonía perdida. Desde esta perspectiva, las ruinas modernas que fotografío ya no pueden ser reconocidas como fragmentos arquitectónicos, sino como una supervivencia al olvido y, por lo tanto, también como un espejo de la fragilidad humana.
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Marta Martínez


