Asier Etxeandia: «Siempre siento un terror inevitable, un síndrome del impostor»

Asier

Santa Teresa de Jesús ha sido objeto de fascinación durante siglos. Uno de las personas influidas por ella fue el dramaturgo Juan Mayorga -Premio Princesa de Asturias de las Letras-, que escribió la obra La lengua en mil pedazos, sobre su juicio por la Inquisición. Ahora, Paula Ortiz lleva el texto al cine en la película Teresa y Asier Etxeandia se encarga de dar vida al juez que juzgará a la santa, interpretada por Blanca Portillo.

¿Por qué quisiste hacer esta película?

Por todo. Era un reto desde el principio, desde el texto de Juan Mayorga. Paula Ortiz es amiga, la admiro y hace un cine en el que quiero vivir, entiendo su universo y su poesía perfectamente. Blanca Portillo es mi amiga y maestra desde hace años, tenemos una relación muy fuerte con cosas subterráneas para usar en el texto.

Había cosas que rimaban. Sé que no me van a llegar personajes así muchas veces en mi vida, mantener una película dos actores, todo tan elevado… Había muchas cosas que me decían: «Vamos».

¿Supone mayor presión un proyecto así respecto a otros en los que compartes protagonismo con otros actores?

Me sentía muy seguro con Blanca y con Paula, pero es verdad que antes de empezar siempre siento un terror que no puedo evitar, un síndrome del impostor. En este caso, además, interpreto al inquisidor, que es con lo que convivo eternamente y me hace dudar de mis fuerzas, mis motivaciones. Hay un ‘bullying’ que cada uno se hace a sí mismo y yo me lo llevo haciendo toda la vida. Había que estar a la altura del texto, la película y mi autoexigencia, pero en el momento que empezó fue volando. Ya viví en el texto, me sirvió para aprender, no siempre tienes eso.

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Apareces en escenas de ‘flashbacks’, en los que tu personaje técnicamente no está, pero le ve Teresa. ¿Supusieron alguna dificultad adicional respecto al resto?

No realmente. Me pareció maravilloso salir en el universo de Teresa, en todas sus edades, porque lo que cuenta realmente es que ese inquisidor ha estado siempre, porque no existe, es la propia Teresa la que se juzga.

¿Y te identificaste con eso?

Totalmente. Había que contarlo. Creo que dudar es un signo de inteligencia. Hay gente que vende motos y no se plantea nada, con absoluta tranquilidad. Yo dudo continuamente, me planteo por qué lo hago.

Es un mensaje importante, pero en un principio puede parecer que estamos en una película religiosa o difícil de entrar. ¿Te preocupa que no llegue al público?

No creo que sea una película religiosa. Está claro que tenemos un icono religioso del que se ha intentado apropiar la España y el catolicismo más rancio, pero, para mí Teresa -vamos a llamarla así-, fue una mujer con una valentía descomunal. Fue una revolucionario que rompió con una Iglesia corrupta y se acercó mucho más a la espiritualidad, sabiendo que podía ser quemada. Y hoy en día nos cagamos por cosas menores. Es una película elevada, espiritual, filosófica y necesita público activo. No es entretenimiento, pero sí catártica. Permite conocer un personaje y sobre ti mismo, que para mí es lo fundamental en la cultura, en una película, un disco, etc.

Yo no subestimo al público, creo que da para todo. Yo también necesito películas comerciales para no pensar, pero también otras que me metan en lo profunda de mi alma para entender la vida. A mí me han salvado películas, canciones, de depresiones y rupturas amorosas. Y también entender vidas distintas a la mía, el motor principal para entender lo que hacemos.

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Tu personaje entra de forma misteriosa, entre las sombras. ¿Cuál es tu introducción favorita de un personaje de cine?

No lo sé. Si lo pienso… cualquier aparición de Gena Rowlands en Cassavettes, con todo lo que le pasa por dentro. En esta aparición, es verdad que en el texto Mayorga ponía que entraba como una especie de ‘cowboy’ en el centro. Tenía que ver como lo hacía en el siglo XVI. Eso es un regalazo para un actor pero hay que afinarlo, porque si te quedas en la forma es irrisorio. Tiene que ser inspirador pero cargado de verdad.

También hay una pose de seguridad que va perdiendo por la película, le va ganando Teresa. Es lo que ocurre, es bonito. Pierde los nervios y saca toda su ira, porque le están venciendo. El de enfrente está tranquilo y puede que esté en lo cierto.

Pero me he ido. De ‘cowboys’ hay muchas de inspiración. Recuerdo El oro de Mackenna, que le gustaba mucho a mi padre. O Gigante. Pero todo eso pasa dentro del actor. Por supuesto, el plano y el guion, pero lo interesante es que con esto el público se pregunta de dónde viene uno y por qué no puede quitarle los ojos. Y ese es el secreto del actor. Eso tiene que estar ahí y es lo difícil.

¿Cuáles son tus proyectos futuros, tanto como actor como voz de Mastodonte?

Ahora he tenido una operación de menisco, así que he tenido que retrasarlo todo. Hemos retrasado el disco de Mastodonte. La gira iba a ser en diciembre y ha tenido que retrasarse a abril. También tengo una serie en Bilbao, Robi, que dirige Inés París. Llevo solo dos secuencias, pero pinta bien.

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