Por Carmen Cocina
Ala.ni tenía quince años cuando un cazatalentos de Sony se fijó en ella durante uno de sus ensayos dominicales junto con sus primos: la multinacional discográfica acababa de sacar un sello centrado en la música negra, del bebop al rhythm n’ blues, y quedaron cautivados por su voz. Fueron la primera banda británica en firmar. Desde entonces, esta crooner nata ha ido bebiendo de aquí y de allá y depurando su estilo hasta crear un sonido híbrido, melódico y rotundamente propio que, por mucho que la crítica se empeñe en etiquetar como jazz, ella describe como deudora de la escuela musical que la acompañó durante toda su infancia. Y la cosa tiene su miga: en unos tiempos donde los músicos de espíritu libre lo tienen más difícil que nunca para sacarse las castañas del fuego, ese armonioso sonido retro, su trabajada maestría vocal y su confesa autosugestión lírica le han granjeado más de 33.000 oyentes mensuales en Spotify. De un colegio multirracial del oeste de Londres a las elegantes calles de París, armada con su ipad y un rudimentario programa de edición de sonido que le enseñó a usar el mismísimo Damon Albarn, Ala.ni forja su trayectoria y su idiosincrasia sin prisa pero sin pausa. Risueña y parlanchina, atiende nuestra llamada desde su apartamento galo, recién llegada del aeropuerto tras una fugaz visita a su ciudad natal.
¿Cómo surgió tu interés por la música?
Empecé a cantar en público a los tres años. Por entonces ya hacía ballet y canto, y entre los cinco y los dieciséis fui diariamente a una escuela de teatro, donde cantaba, bailaba, actuaba y hacía claqué. De pequeña quería ser bailarina y estudiar en la escuela neoyorkina Alvin Ailey, especializada en danza afroamericana, pero cuando tenía los quince años me ficharon en Sony y mi vida dio un giro hacia la música. Es un terreno muy natural para mí. No hubo un momento en que empezara a cantar: hasta donde llega mi recuerdo, siempre estaba sobre el escenario, inventando obras y canciones junto a mis primos. Es todo un privilegio poder ganarme la vida con ello.
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