La artista suiza presenta en Albarrán Bourdais una instalación inmersiva que podrá visitarse del 31 de octubre al 31 de diciembre de 2026. Combina esculturas de mármol de Carrara y paisajes artificiales para reflexionar sobre el paso del tiempo, la naturaleza y nuestra relación con el universo.
Una mirada artística entre la naturaleza, material y tecnología
En sus obras, las formas orgánicas y los procesos de transformación se convierten en herramientas para investigar como interpretamos el mundo que nos rodea. En esta nueva exposición, Comte parte de una pregunta aparentemente sencilla, pero de profundas implicaciones filosóficas: ¿Qué significa vivir en una existencia finita y frágil dentro de un universo infinito y eterno?
El título procede de una cuestión planteada por el físico Brian Cox al comienzo de sus conferencias en directo. La pregunta pone de manifiesto una paradoja fundamental de la existencia humana: nuestra vida ocupa un intervalo minúsculo en la historia del cosmos y, sin embargo, estamos hechos por la misma materia que forma parte de él.
Comte traslada esta reflexión del ámbito de la astronomía al del paisaje. En lugar de representar directamente la inmensidad del universo, la artista invita a comprenderla a través de elementos más cercanos, como una flor, una piedra o un fragmento de tierra.
El contraste entre una flor efímera y el mármol milenario

La flor representa la vida en su dimensión más inmediata. Su crecimiento, floración y deterioro responden a ciclos biológicos que podemos observar y comprender. El mármol, en cambio, evoca una escala temporal mucho más amplia, vinculada a procesos geológicos que comenzaron millones de años antes de la aparición de los seres humanos y que trascienden nuestra percepción del tiempo.
Al esculpir formas florales en mármol de Carrara, Comte juega con el contraste entre la apariencia de los elementos y las propiedades del material. Las flores, normalmente asociadas con la fragilidad y el carácter efímero de la naturaleza, se convierten en piezas sólidas y duraderas, creando un contraste entre la delicadeza de sus formas y la resistencia de la piedra.
Aunque una flor y una pierda son elementos opuestos por sus características y duración, ambas comparten un mismo origen material y forman parte de los procesos naturales que constituyen el universo. La materia experimenta continuas transformaciones y adopta nuevas formas a los largo del tiempo.
Desde esta perspectiva, la exposición invita a reconsiderar lo que entendemos por permanencia. Lo que parece eterno también esta sujeto a transformaciones, mientras que aquello que consideramos insignificante puedes contener una historia mucho más antigua de lo que somo capaces de imaginar.
Un recorrido artístico que explora la relación entre la naturaleza y la percepción
La propuesta de Claudia Comte va más allá de la contemplación de esculturas individuales. La artista incorpora una instalación de suelo con un patrón continuo de pantano que conecta los distintos niveles de la galería, transformando el espacio en un paisaje unificado que invita al visitante a recorrerlo y reflexionar sobre nuestra manera de percibir la naturaleza.
Comte plantea que nuestra comprensión del mundo está condicionada por la escala de nuestros cuerpos y los límites de nuestros sentidos. Al igual que un insecto que recorre un jardín solo percibe fragmentos de su entorno, los seres humanos tampoco somo capaces de abarcar la totalidad de la realidad que nos rodea. Un jardín puede parecernos inmenso, aunque resulte insignificante en comparación con la escala del planeta y, a su vez, la Tierra representa una pequeña parte del universo. De este modo, la instalación nos invita a reconocer que formamos parte de un entorno mucho más amplio de lo que podemos comprender.
La elección del pantano como motivo central también aporta una reflexión sobre los procesos de transformación y regeneración que caracterizan a los ecosistemas. En estos entornos, la descomposición de la materia orgánico contribuye a generar nuevas formas de vida, demostrando que la desaparición de un elemento puede formar parte de un ciclo continuo de renovación.
La artista no busca reproducir la naturaleza de manera literal, sino explorar cómo la interpretamos y la transformamos a través de imágenes y tecnologías. En este proceso, una forma natural puede convertirse en una imagen, traducirse en datos y materializarse posteriormente en un objeto físico. La tecnología se incorpora así a nuestra manera de observar y comprender el entorno, estableciendo una conexión entre los sistemas naturales y las herramientas que utilizamos para representarlos.
Naturaleza, percepción y tecnología: una reflexión sobre el mundo contemporáneo

Uno de los elemento más interesantes de la exposición es como conecta distintas dimensiones del tiempo que habitualmente entendemos de manera independiente. El tiempo geológico del mármol, el tiempo biológico de la flor, el tiempo humano y el tiempo tecnológico conviven dentro de un mismo espacio.
Cada uno responde a ritmos diferentes. Los procesos geológicos pueden prolongarse durante millones de años; los ciclos biológicos se desarrollan en intervalos mucho más breves; la experiencia humana está condicionada por la duración limitada de nuestra vida, y la tecnología modifica constantemente nuestra manera de registrar, representar y comprender la realidad.
Comte propone observar el mundo desde una perspectiva menos centrada en el ser humano. Estamos acostumbrados a medir el tiempo a partir de nuestra propia experiencia, pero esta referencia resulta insuficiente para comprender los procesos que ocurren a nuestro alrededor.
La exposición tampoco plantea una separación absoluta entre la humanidad y la naturaleza. Aunque percibamos nuestro cuerpo como una identidad independiente, los materiales que lo componen forman parte de los mismos procesos físicos que dan lugar a una flor, una roca o un planeta.
¿Qué significa vivir una vida finita en un universo infinito?
La pregunta que da título a la exposición funciona como hilo conductor de toda la propuesta. Frente a la inmensidad del universo, la vida humana parece insignificante por su duración y su escala. Sin embargo, esta perspectiva también puede conducir a una interpretación diferente a nuestra existencia.
Una flor no necesita durar millones de años para tener valor, del mismo modo que la importancia de una experiencia no depende exclusivamente de su duración.
Comte desplaza así la atención desde la pregunta por cuánto dura algo hacia otra cuestión: qué sucede mientras existe. El interés deja de centrarse únicamente en la permanencia y se dirige hacia los procesos, las relaciones y las transformaciones que hacen posible cada forma de vida.
En este sentido, la exposición invita a reconocer los límites de nuestra percepción sin olvidar que formamos parte de una realidad mucho más amplia.
Quizá esa sea la idea que permanece después de recorrer la muestra: aunque nuestras vidas sean breves y nuestra perspectiva limitada, no estamos separados del universo. Somos una pequeña parte de él, y comprender esa conexión puede cambiar nuestra manera de mirar tanto la naturaleza como nuestra propia existencia.
Información práctica
- Exposición: What does it mean to live a Finite, Fragile Life in an Infinite Eternal Universe.
- Artista: Claudia Comte.
- Galería: Albarrán Bourdais, Madrid.
- Fechas: del 31 de octubre al 31 de diciembre de 2026.
- Más información: Web oficial de Albarrán Bourdais.


