Miguel Fernández de Castro explora la frontera en Amaneció una puerta abierta
La galería Travesía Cuatro en Ciudad de México presenta una exposición individual del artista mexicano que investiga las relaciones entre memoria, ecología y violencia, todo ello a través del territorio. La exposición podrá visitarse del 28 de octubre de 2026 al 9 de enero de 2027.
La frontera entre México y Estados Unidos es el punto de partida del que nace Amaneció una puerta abierta, la exposición individual de Miguel Fernández de Castro que inaugura este 28 de octubre en Travesía Cuatro CDMX. A lo largo de su trayectoria, las propuestas del artista consisten en obras que combinan fotografía, vídeo, escultura y escritura. Estas disciplinas permiten al mexicano abordar las conexiones entre los sistemas ecológicos, la violencia y la construcción de la memoria en los territorios fronterizos, un tema tan presente en la actualidad.

En el texto que acompaña la exposición, Marina Otero Verzier propone una lectura poética del desierto de Sonora a través de tres figuras: la reina de la noche, los bisontes y la figura de un pez milenario tallado en la tierra; todos ellos son elementos naturales que permiten pensar las transformaciones del territorio y las marcas que deja la frontera a través de estas duras batallas.
La reina de la noche florece durante una sola noche al año, como un punto blanco en la oscuridad, cuyo aroma atrae a insectos y, en el paisaje fronterizo, también puede orientar a quienes cruzan a pie intentando no ser vistos. Otero Verzier recuerda que los botánicos de la Comisión de Límites que documentaron la especie en 1859 apenas llegaron a contemplarla abierta: la recogieron al amanecer, cuando empezaba a cerrarse.
Su reflexión se extiende hasta los bisontes, cuyo regreso se asocia a una naturaleza reconstruida y romantizada, con una presencia que alimenta la promesa de recuperar los pastizales nativos, aunque ese territorio ya haya sido transformado. Al mismo tiempo, las imágenes satelitales que permiten vigilar los movimientos de las manadas revelan la mutilación de un antiguo geoglifo con forma de pez, tallado por quienes conocían el camino hacia el agua. La infraestructura fronteriza ha seccionado su figura y dejado su cabeza orientada hacia el mar, ahora al otro lado del límite.
«A veces, basta con encontrar una mínima abertura donde solo crecen límites.
La línea obstinada de un pez hacia el agua.» —Marina Otero Verzier.
Se puede leer el texto completo aquí.
Un trabajo desde la frontera
Nacido en 1986 en la región fronteriza de Sonora-Arizona, Fernández de Castro vive y trabaja en Altar, Sonora, donde codirige Altar Centro de Investigación. Su obra examina cómo los regímenes ecológicos y las estructuras de violencia se entrelazan en la producción del espacio y la memoria. Desde 2018, el artista colabora con distintos colectivos de búsqueda y documenta fosas clandestinas a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Esta labor amplía su investigación sobre el territorio y sus marcas, prestando atención a las historias que permanecen ocultas y a las formas en que el paisaje conserva rastros de la violencia, arañando la tierra para sacar a la luz estas desgarradoras historias.
Su trayectoria incluye dos becas del programa Jóvenes Creadores del FONCA, en 2012 y 2019, así como su pertenencia al Sistema Nacional de Creadores de Arte de México entre 2022 y 2025.
La trayectoria internacional de Miguel Fernández de Castro
El trabajo de Fernández de Castro se ha presentado en instituciones mexicanas como el Museo Amparo, el Museo Tamayo, el Museo Jumex, Casa del Lago, el Museo de Arte Moderno y el Museo MARCO de Monterrey. En el ámbito internacional, ha participado en la Bienal de Shanghái y ha expuesto en espacios como The Cleveland Museum of Art, el Museu de Arte de São Paulo, Whitechapel Gallery de Londres y Ballroom Marfa, entre otros.
Tras esta exposición, tiene previstas nuevas presentaciones en la Bienal de Yucatán y la Cuatrienal Rubaiya de Qatar.
Con Amaneció una puerta abierta, el artista y Travesía Cuatro proponen observar la frontera más allá de su dimensión geográfica; así, se comienza a plantear un espacio donde las formas de vida de historias humanas y los mecanismos de control se cruzan, dejando huellas difíciles de separar, pero también de borrar,.


