La sostenibilidad es reto más acuciante de la joyería. Con el lanzamiento de la línea ETERNAL GOLD, realizada con oro cien por cien reciclado, Prada se convierte en la primera casa de joyas del mundo en eliminar de un plumazo la fase de extracción del mineral. El impacto ambiental cero ya está aquí.
Por Carmen Cocina
La sostenibilidad es el gran desafío de la industria de la joyería. Si bien la generalidad de las firmas ha comprendido (y asumido) que el cliente del siglo XXI es más exigente que nunca con demandas hasta hace no tanto inexistentes en la tradición de la industria en general, y en la del lujo en particular, hoy por hoy la concienciación acerca de la necesidad de prácticas responsables en aras de la sostenibilidad del planeta (el hashtag #thereisnoplanetB es uno de los más repetidos en las publicaciones de los sectores de la moda y el lujo) ha llegado incluso a las billeteras más abultadas, que ya no solo esperan que las prendas y joyas que llevan se midan en términos de excelencia en lo referente a la estética, la calidad y el diseño, sino también en aspectos aparentemente más intangibles, como el respeto al medio ambiente, el bienestar de los trabajadores que han intervenido en la cadena de producción y la transparencia de los procesos que han llevado cada pieza a sus manos. En la escalada imparable hacia la conquista total de los derechos humanos que ha marcado los últimos dos siglos, desde la abolición del Antiguo Régimen hasta el sufragio universal (también femenino) o las marchas por los derechos civiles de la década de 1960, el siglo XXI está siendo testigo de una alineación insólita: la de la sociedad de consumo y los códigos de conducta de las empresas que suministran sus productos y servicios. Una tendencia que, quizá porque la libertad de elección es directamente proporcional al poder adquisitivo, es mucho más patente en el nicho del lujo.
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