Con un enfoque en la pintura, el dibujo y las obras de arte de técnica mixta, el trabajo de la artista visual Daniela Marín explora la interacción entre formas, colores y texturas a través de obras llenas de alegría y una profunda conexión con la naturaleza.
Daniela, quien nació en Venezuela, ha vivido en varios países, lo que le ha permitido fusionar distintas influencias culturales en su obra, algo que se refleja claramente en su estilo. Además, su trabajo no solo busca la belleza estética, sino también transmitir una profunda conexión con la vida, la naturaleza y la memoria de sus múltiples vivencias, especialmente en el contexto de su experiencia como mujer migrante.
En el marco de la celebración del Día Internacional de la Mujer, entrevistamos a esta artista que nos comparte cómo el arte es su principal herramienta para comunicar su mundo interno, cómo la naturaleza es un punto clave de inspiración en su obra y cómo ha encontrado fortaleza en sus vivencias para seguir creando. Incluso, Daniela reflexiona sobre los retos que enfrenta en el mundo del arte, en donde ser mujer a veces implica navegar por un panorama desigual.
¿Qué significa el arte para ti?
Es método de comunicación, es una herramienta muy poderosa para dar a conocer mi mundo y mis vivencias. Yo creo que cada ser humano, ya sea creativo en música, pintura, baile, etc, busca su identidad y la manera de expresarse por medio del arte.
Además, yo creo que nosotros los artistas buscamos nuestro espacio pequeño en este puntito del mundo y nos encanta que sepan de nosotros, que vean nuestra visión.
De hecho, los grandes artistas tenían etapas, por ejemplo, la etapa azul que tenía Picasso, entonces lo interesante de la vida desde el arte es que te acompaña durante los diferentes momentos de tu vida y vas expresando lo que pasa alrededor tuyo y lo que pasa en el mundo.
Es cómo llevas tú lo que tienes en tu cabeza, tus vivencias, tu infancia, tu recorrido, y los plasmas creando una obra. Y también lo lindo del arte es cómo el cliente o espectador puede llegar a conectar con eso. Por eso, mi objetivo es dejar una parte de Daniela Marín en el mundo. Que la gente entienda un poquito de mi alegría.
Un artista ya fallecido hablaba de que ya no se nombra mucho a la belleza, ya se habla de otros aspectos, que se ha perdido el que uno diga: “esto es bello”. Pero igual sí que hay obras que te dan esa connotación de belleza, por eso quiero dejar «bellezas» en el mundo.
Justamente una parte de ti es que eres una mujer migrante, ¿cómo es el proceso de plasmar los lugares en los que has estado en tu obra?
Lo que yo hago siempre es pensar en un desierto porque migrar es como ese lugar. Estamos llegando a un sitio que para nosotros puede ser muy árido, muy difícil, desconocido. Por eso yo lo hago parte de mí y pienso en cómo uno sobrevive.
Buscando simbolismos dentro de mi infancia y la naturaleza, el desierto es un ejercicio de ver cómo yo voy a crecer dentro de este ambiente. Y es que la migración es un tema muy importante y todavía lo sigo desarrollando.
¿Qué es lo que más disfrutas de hacer arte?
Yo disfruto mucho el tiempo en el taller, disfruto mucho los momentos de investigación, los momentos de tranquilidad. El taller para mí es como una pequeña parte de mí. Ese espacio, la energía donde creo y donde sucede toda la magia es lo que yo disfruto mucho.
Y en la obra disfruto mucho el diálogo conmigo misma, o sea tener la posibilidad de investigar y pintar. Solo ese momento y espacio para pintar, donde no importa lo que estés haciendo, sea bueno o malo, todo ese caos que hay en medio es divino y mágico.
¿Cuál es el principal reto al que te enfrentas cuando trabajas?
La espontaneidad. Porque se habla de que cuando se es adulto se pierde esa sensibilidad muy espontánea que tenía de niño, del color, de la obra, de la forma. A medida que uno va creciendo, va aprendiendo y empieza a haber ciertos códigos, reglas, teorías, colores y va formalizándose un poco lo que estás haciendo, se va creando un concepto.
Por eso, mi mayor reto es que esa espontaneidad no se vaya, que siempre esté. Que la obra se siga viendo espontánea, aunque haya un pensamiento por detrás del porqué del color, el porqué de la forma. A veces me pasa que en algunas obras ya me enredo tanto y las cosas empiezan a ser muy pensadas, entonces pierdo esa primera idea espontánea, que es la más importante.
En ese sentido, ¿qué aspectos destacarías de tu obra?
El manejo del color, creo que es algo que me influye mucho. Si hay algo que a mí me gusta mucho de mi obra es la manera que vibra. Por el color, en cierta manera tiene una alegría de por medio que te da ligereza o diversión.
Hablando del color como algo principal en tu obra, ¿de dónde proviene como lenguaje visual?
Mi padre italiano, mi mamá peruana, vivían acá en Perú, pero a él lo mandaron a Venezuela y yo nací allá, soy venezolana de nacimiento. Pero a los 2 años de edad a mi papá lo mandan a República Dominicana y mi mamá lo fue a visitar y se enamoró del país. Por eso, paso toda mi infancia allá.
Y si vamos a hablar de color, tiene mucho que ver con República Dominicana y también con Perú. Toda esta parte alegre, esta parte caribeña, en cierta manera es lo que yo rescato mucho de mi memoria visual de la infancia, que tiene que ver mucho con la naturaleza.
Entonces, en tu vida diaria y en tu obra, ¿qué rol cumple la naturaleza?
En mi obra es como yo me veo dentro de ella, siendo una forma orgánica más y me voy moviendo con esta naturaleza, es justo la forma en la que va cambiando mi obra.
Y, por otro lado, en mi vida diaria es importantísima, es una conexión. Puedo cerrar los ojos y todavía oler la brisa del malecón de Santo Domingo. En la naturaleza yo me conecto con mi ser, me cuestiono todo el universo, es un momento que yo me doy para mí. Me gusta mucho mirar el horizonte, me gusta estar en ese momento presente porque la naturaleza me hace reconectar conmigo misma, con lo que quiero ser y lo que necesito.
Y sobre el color, ¿cómo planificas la paleta que utilizas para tus obras?
Yo estudié diseño gráfico y por eso lo que siempre hago es tener algún tipo de boceto y ver la gama de paletas de colores que quiero que jueguen.
Igual hay muchas figuras que son muy cromáticas de por sí, pero me gusta trabajar cómo funciona cada color al costado de otro, por encima de otro, para que no se vea tan difícil de entender tanto caos, pero al final tiene que haber un equilibrio. También para no tener esa sensación de que quiero meterles todos los colores, sino dejar algunos colores para otra obra.
Alejándonos de lo técnico, como mujer migrante, ¿qué retos has encontrado en esa condición?
Por haber sido una niña migrante y tener que dejar muchos amigos y gente que uno quiere atrás, la dificultad es recurrir siempre hacia el pasado. Yo tiendo a irme mucho hacia atrás porque recuerdo mucho las partes que he dejado.
Pero creo que lo más positivo de ser mujer migrante es que tienes un carácter mucho más fuerte, eres más de “cuero chancho”, puede haber bajones, pero tú sabes cómo vas a manejarte porque este tipo de vida te da muchas herramientas de encarar el miedo. Como mujeres migrantes ya no tenemos miedo del cambio, podemos seguir cambiando. Creo que eso fortalece y ayuda en la búsqueda de identidad.
Y en el mundo del arte, ¿has encontrado algún desafío particular por el hecho de ser mujer?
Sí, siempre hay un desafío y es balancear qué tanto tiempo le dedicas a la familia y qué tanto tiempo al arte, sobre todo si eres mamá. Tener que lidiar con esa obligación que se nos impone por ser mujeres, pero hacerte notar entre lo masculino. A nosotras las mujeres ni nos miran, como si no pasáramos tanto tiempo en la obra, pero tenemos diferentes cosas a las que se nos obliga a adecuarnos, que estemos con la familia, con el marido, en fin.
También me pasa a veces que hay galerías que consideran solo dos mujeres y el resto son hombres. Y es que el hombre tiene mucho más tiempo de estar metido en el taller, mientras que las mujeres tenemos un montón de cosas en la vida y tenemos que jugar a hacer malabares entre la casa, la vida y el arte.
En ese sentido, ¿cómo crees que contribuye tu trabajo a la lucha por la igualdad?
Haciendo la voz notar. Siempre estando presente y conversando con curadores y con artistas sobre nosotras. Que tenemos derechos y los venimos trabajando hace años. En el mundo del arte cada vez hay más grandes exponentes de mujeres.
¿Cómo te gustaría influir entonces en mujeres artistas más jóvenes?
Hacerles ver que este trabajo se trata de constante investigación para siempre sentirte segura de lo que estás haciendo y que por más que te encuentres con alguien que te diga: “no me gusta”, sigas adelante. Tienes que estar muy abierto y emocionalmente preparado para todo.
Finalmente, ¿qué es lo que te motiva y te inspira tanto en tu vida personal como en tu trabajo?
Salir adelante. A veces es difícil la inspiración, pero es más importante la disciplina para la creación, cuando no haya inspiración, seguir trabajando.


