El museo Picasso de Málaga presenta 13 esculturas de la artista portuguesa que muestran diversos recorridos por el signficado de los distintos objetos expuestos. La muestra se podrá ver hasta el 27 de septiembre.
El título de Transfiguración, hace hincapié en diversos procesos: lo textil que se transforma en arquitectura, lo ornamental en una estructura, la casa como un escenario público y no podía faltar el museo que se abre como un espacio de experiencia. Son múltiples los adjetivos que podrían definir a esta exposición.
Transfigurar no implica borrar, sino dar un nuevo significado a las cosas. Los objetos mantienen su identidad material y su carga cultural, aunque pueda atribuirseles un nuevo significado. La propia Vasconcelos, ejemplifica esto con el cuadro Las señoritas de Avignon de Picasso en el que las protagonistas «están ahí y al mismo tiempo no», debido a que las diversas formas geométrcas no son naturales y han ido mutando.
La obra de Joana Vasconcelos se alimenta de la identidad cultural portuguesa, gracias a objetos, materiales, símbolos y técnicas, de esta forma explora el arte transformándolo para ver nuestra percepción del mundo. Vasconcelos, se ha convertido en una de las voces más importantes del arte contemporáneo europeo por su revisionismo de la cultura material. La experiencia estética aúna seducción visual y reflexión, invitando al espectador a replantearse aquello que creía conocer y cómo el arte puede modificar nuestra forma de mirar las cosas.
Mediante este tipo de intervenciones, los objetos cotidianos trascienden su función habitual y adquieren una presencia casi monumental; aquello concebido para un uso práctico puede transformarse en un elemento ritual, mientras que lo decorativo pasa a ocupar un papel protagonista dentro de la experiencia estética. No obstante, estas transformaciones no eliminan la identidad original de los objetos. El espectador sigue reconociendo su procedencia, aunque ya no se relaciona con ellos desde la misma perspectiva. Es precisamente en ese espacio de tensión entre lo conocido y lo transformado donde surge la experiencia de la transfiguración. En este proceso, el cambio de escala aparece como una consecuencia natural de la intervención artística, y no como un fin en sí mismo. Desde esta perspectiva, Vasconcelos evita imponer significados unívocos y defiende una práctica artística abierta a la interpretación. Como ella misma ha señalado en distintas ocasiones, su intención no es ofrecer respuestas definitivas, sino plantear interrogantes. Considera que el arte, cuando trasciende lo puramente conceptual, no requiere una traducción literal, sino que apela a la interpretación, la emoción y la experiencia personal del espectador. Por ello, entiende que trabajar con las emociones resulta más enriquecedor que proporcionar explicaciones cerradas, haciendo de la pregunta el verdadero motor de su obra.
Mediante este tipo de intervenciones, los objetos cotidianos trascienden su función habitual y adquieren una presencia casi monumental; aquello concebido para un uso práctico puede transformarse en un elemento ritual, mientras que lo decorativo pasa a ocupar un papel protagonista dentro de la experiencia estética. No obstante, estas transformaciones no eliminan la identidad original de los objetos. El espectador sigue reconociendo su procedencia, aunque ya no se relaciona con ellos desde la misma perspectiva. Es precisamente en ese espacio de tensión entre lo conocido y lo transformado donde surge la experiencia de la transfiguración. En este proceso, el cambio de escala aparece como una consecuencia natural de la intervención artística, y no como un fin en sí mismo. Desde esta perspectiva, Vasconcelos evita imponer significados unívocos y defiende una práctica artística abierta a la interpretación. Como ella misma ha señalado en distintas ocasiones, su intención no es ofrecer respuestas definitivas, sino plantear interrogantes. Considera que el arte, cuando trasciende lo puramente conceptual, no requiere una traducción literal, sino que apela a la interpretación, la emoción y la experiencia personal del espectador. Por ello, entiende que trabajar con las emociones resulta más enriquecedor que proporcionar explicaciones cerradas, haciendo de la pregunta el verdadero motor de su obra.


