
De la resiliencia ecológica de la que Steven Holl —al frente de las tres sedes de Steven Holl Architects— ha hecho su bandera, a la reivindicación de la resistencia ante el turbulento momento político actual. Para todo ello dio de sí este intercambio con el polifacético arquitecto estadounidense.
Por Pilar Gómez Rodríguez
El arte —las artes, mejor dicho— como el material que insufla alma a los proyectos arquitectónicos y la atención al lugar son los dos ejes que atraviesan la ya vasta trayectoria de Steven Holl. De esas coordenadas surge todo lo demás. De respetar, escuchar y saber interpretar los ámbitos en los que se levantarán las construcciones se derivan las mejores decisiones en materia de sostenibilidad. Al final, “resiliencia ecológica”, un concepto tan importante para Holl y su equipo –que figura como categoría en su web, justo por debajo del nombre–, no es otra cosa que sentido común, como recuerda el arquitecto norteamericano en esta entrevista. Por supuesto, Holl da más detalles y se extiende, detallando proyectos y soluciones, pero en suma consiste en eso: atender al genius loci y no traicionarlo, algo que está presente en su manera de pensar y construir desde que era un aprendiz de la profesión.

Nacido en 1947 en Bremerton (Washington, Estados Unidos), Steven Holl se licenció en la Universidad de Washington y amplió estudios de arquitectura en Roma en 1970. Allí, su mirada amplió el alcance no solo en lo referido a la geografía, sino a la temporalidad, conectando con diversos estilos y elementos de diversas épocas. No hay arquitectura antigua y nueva; tan solo buena y mala. Allí se empapó de humanismo y de un gusto expreso por el acercamiento entre todas las artes como pocos arquitectos han evidenciado. Ahora, mientras se escriben estas líneas, está abierta en la Fundación Tchoban de Berlín una exposición dedicada no a su arquitectura directamente, sino al lugar de donde parten: dibujos y acuarelas. Estas representaciones son vías imprescindibles por donde corren los pensamientos y las ideas a la busca de materialidad. Son ineludibles.

En 1977 fundó su estudio en Nueva York, que ahora tiene dos sedes en esa ciudad y una en Pekín. Lo dirige junto a sus socios Noah Yaffe, Roberto Bannura, Dimitra Tsachrelia y Olaf Schmidt. Sus proyectos han dado la vuelta al mundo y él también, recogiendo galardones. Ha recibido, por ejemplo, el Praemium Imperiale Award for Architecture (2014), la Medalla de Oro del American Institute of Architects (2012), el RIBA Jencks Award (2010), el BBVA Fronteras del Conocimiento (2009), la Grande Médaille D’Or de la Académie D’Architecture francesa (2001) o el Alvar Aalto Award (1998). Al comenzar el nuevo siglo, la revista Time lo declaró “Mejor Arquitecto de América” y dijo algo muy hermoso de sus edificios: que “satisfacían tanto al espíritu como a la vista”.
En sus clases en la Universidad de Columbia, en sus conferencias y a través de sus ensayos, Steven Holl ha desarrollado una intensa labor de reflexión y divulgación arquitectónica. Un activismo que pasa a la acción mediante su pertenencia a diversos organismos relacionados con su profesión y con la defensa del medioambiente.
Obras como las residencias universitarias Simmons Hall en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, el Museo de Arte Nelson-Atkins en Kansas, la Capilla de San Ignacio en la Universidad de Seattle (todas en Estados Unidos); o como el Museo de Arte Contemporáneo de Helsinki (Finlandia), el complejo residencial Makuhari (Japón), el proyecto Linked Hybrid en Pekín (China), el Museo del Océano y el Surf de Biarritz (Francia) o el Edificio Reid de la Escuela de Arte de Glasgow (Escocia) son solo una pequeña cata de un panorama que comprende todas las tipologías, todos los tamaños, infinidad de materiales, pero comparte mismo espíritu: soluciones innovadoras, pero siempre sostenibles y atentas al territorio.
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