Dibujando Prada, hecho a mano
La campaña Holiday 2026 de la casa milanesa apuesta por la ilustración artesanal para construir un cuento de invierno donde actores de carne y hueso conviven con paisajes y criaturas salidos del lápiz y de la calidez del dibujo artesanal.

Vuelta a lo tradicional
En plena era de la inteligencia artificial y los entornos generados por ordenador, Prada ha decidido mirar hacia atrás para hablar de la Navidad. Su campaña Holiday 2026, titulada Drawing Prada: Animated by Hand, reivindica lo hecho a mano como el corazón de la narración y convierte la ilustración tradicional, una técnica deliberadamente anacrónica y romántica, en la verdadera protagonista de una serie de películas e imágenes fijas.
La propuesta parte de una idea sencilla: las historias que nos contamos son un legado que pasa de generación en generación, una expresión de sentimientos y experiencias profundamente humanas. Desde esa premisa, la firma construye lo que describe como fantasías envolventes, imposibilidades mágicas que solo el dibujo puede hacer posibles.

Para darles forma, Prada ha reunido a un equipo de ilustradores liderado por John Pomeroy, legendario animador del cine cuya mirada ha ayudado a definir algunas de las grandes producciones de los últimos cincuenta años. Su trabajo y el de su equipo dan vida a escenarios invernales de espíritu travieso y atmósfera de cuento, poblados por personajes animales de aire fabulesco. Todo ello, insiste la marca, está ejecutado íntegramente a mano.
En ese universo se mueve una nueva generación del talento interpretativo global: Chen Haoyu, Luther Ford, Kelvin Harrison Jr., Maya Hawke y Sadie Sink. Los cinco actores aparecen inmersos en entornos fracturados y puramente imaginarios, que combinan acción real con animación ilustrada. Las películas cortas y las fotografías sitúan a estas figuras contemporáneas en escenas de asombro alegre e infantil, donde la fantasía invade lo cotidiano.
Arte y fotografía
La fotografía corre a cargo de Glen Luchford, quien ha ajustado la iluminación y la perspectiva para que dialoguen con los dibujos. El resultado es una dualidad de imágenes concebidas en armonía: lo real se adapta a lo dibujado y lo dibujado respira junto a lo real, de modo que ambos mundos parecen pertenecer al mismo cuento.

La estética de la campaña evoca tanto el encanto del viejo Hollywood como las fábulas de siempre. Esa doble referencia no es casual. Remite a una época en la que la magia del cine nacía del oficio, del trazo y de la paciencia, y conecta con la tradición de los relatos invernales que se repiten cada año alrededor de la mesa familiar.
Más allá de la nostalgia, el mensaje de fondo es una celebración de la artesanía y del proceso creativo. Frente a la inmediatez digital, Prada subraya el valor del tacto, de lo imperfecto y lo manual, entendidos como una expresión fundamental de humanidad. Esa conexión con el oficio, afirma la casa, ha estado siempre en el centro de su manera de crear.

Con Drawing Prada, la firma italiana propone así una Navidad que no se limita a vender un imaginario festivo, sino que reflexiona sobre cómo se fabrican los sueños. En tiempos de pantallas y algoritmos, la campaña recuerda que, a veces, la forma más poderosa de maravillar sigue siendo un lápiz, una hoja de papel y el talento de quien sabe convertirlos en un mundo.
Ahí reside la fuerza de esta propuesta. En un sector que corre detrás de lo inmediato y lo viral, Prada se permite el lujo de detenerse, de dejar que el trazo marque el ritmo y de confiar en que la emoción llega por caminos lentos, como esos cuentos de invierno que, años después, seguimos recordando con la misma ilusión.


