
Olafur Eliasson lleva más de treinta años haciendo preguntas sobre la luz y la percepción. Que todavía no haya encontrado todas las respuestas no es un problema, sino que es el motor de su trabajo. Desde que en 2003 instaló un sol artificial en la Turbine Hall del Tate Modern de Londres, el artista nacido en Copenhague en 1967 no ha dejado de investigar los mecanismos por los que percibimos el mundo. Lo que más llama la atención de su carrera es que la pregunta siempre es la misma: ¿Qué es lo que realmente estamos viendo cuando miramos?
Su nueva exposición en la Galería Elvira González, Tu inconmensurable expansión de llamaradas, abierta al público desde el 25 de febrero y hasta el 25 de abril, no es una excepción. El espacio de la calle Hermanos Alvarez Quintero acoge 19 pinturas y 2 instalaciones de luz que continúan la línea de trabajo que Eliasson lleva desarrollando en los últimos años: la exploración de los fenómenos ópticos no como errores, sino como el verdadero material de la obra.
El hecho de que Eliasson haya elegido Madrid para hacer su quinta exposición individual no es una casualidad. La relación entre el artista y la Galería Elvira Gonzalez viene de largo. La galería, la cual abrió sus puertas en febrero de 1994 de la mano de Elvira González, lleva años siendo uno de los espacios de referencia del arte moderno y contemporáneo en España.
Actualmente la galería está dirigida por las hijas de la fundadora, Elvira Mignoni e Isabel Mignoni, las cuales han mantenido el espíritu original del proyecto a la vez que lo han ido actualizando, incorporando nombres como el del propio Eliasson, Miguel Barceló o Robert Irwin. Desde 2016, la galería trabaja desde su actual ubicación, un espacio amplio pensado para albergar obras de gran formato, perfectamente adaptado a las instalaciones de envergadura que caracterizan la producción del artista danes.
Lo que unifica las obras presentadas en la exposición, es el proceso. Eliasson vierte tintas bastante diluidas con alcohol isopropílico sobre lienzos circulares sin preparación. El pigmento se expande hacia el exterior formando aureolas de color que el artista de manera directa no llega a casi controlar. Usa lámparas de calor, secadores o ventiladores para contener el movimiento del líquido, pero el resultado final depende de la viscosidad que tenga el material, dé las condiciones del soporte y del movimiento que haga.
Pinturas como Seven days of sunlight (Monday-Sunday), The Self-led energy nebula o Dark lichen for brighter days, todas del 2026, son el resultado de este proceso. Quien la mire buscando pinceladas encontrará en cambio manchas que se expanden, aureolas que irradian desde el centro, explosion de color que parecen generadas por alguna fuerza física mas que por la mano del artista. Eliasson lleva décadas interesado en la idea de que el espectador tome conciencia de los mecanismos que construyen lo que percibe.


El nombre de la exposición viene de la serie de “llamaradas” que ocupa una parte central de la muestra. La inspiración es el fenómeno óptico que aparece cuando se apunta una cámara directamente hacia una fuente de luz intensa: anillos y círculos espectrales que en la fotografía se consideran defectos, el fotógrafo trata de evitar. Eliasson lleva años fascinado con la idea de rehabilitar el error y de convertirlo en el motivo central que normalmente se descarta.
En obras como The attention flare o The fight or flight, el artista trabaja con plantillas circulares y tinta negra para generar campos oscuros ondulantes que, al retirar las plantillas, revelan el contraste luminoso de elipses y círculos cromáticos. El resultado evoca la ilusión de luz en el espacio que producen los reflejos de la lente, pero trasladadas al plano de la pintura. Piezas como The rare flare o The subconscious flare, de 2025, van un paso mas allá e donde muestran el reverso de las superficies pintadas, en imágenes mas pálidas y espectrales en donde el negro no ha penetrado del todo como si fuera la huella de la obra principal.
La fascinación por el reverso y por la imagen residual conecta directamente con una de las preocupaciones centrales de la práctica de Eliasson: la idea de que lo que vemos siempre es una construcción, que la percepción es activa y no pasiva. Que cuando miramos no recibimos imágenes del mundo, sí no que participamos en crearlas.
Eliasson no sólo es pintor. Muy buena parte de su reputación se la debe a instalaciones de gran formato que transforman el espacio físico del espectador. En esta exposición, una escultura suspendida está compuesta por tres poliedros concéntricos que articulan el recorrido como contrapunto espacial a las pinturas. El vidrio soplado con filtros de efecto cromático que recubre la estructura refleja una sola longitud de onda y deja pasar lo demás , multiplicando las proyecciones sobre las paredes y el suelo del espacio. En cierto modo, la escultura hace en el espacio lo que las pinturas hacen sobre él lienzo.
La obra instalación, Your self-led light (2026), es formalmente más discreta pero igualmente eficaz: una lámpara colgante que combina un disco compacto como elemento readymade, un LED y una lente parabólica. La pieza descompone el espectro luminoso y proyecta bandas circulares de color en el techo, expandiendo hacia el espacio de las mimosa investigaciones sobre refracción y percepción que aparecen en la pintura.

Olafur Eliasson creció entre Dinamarca e Islandia, una geografía que marca profundamente su interés por la naturaleza como material y como concepto. Estudio en la Real Academia danesa de Bellas Artes entre 1989 y 1995, y en ese mismo año abrió en Berlín el Studio Olafur Eliasson, un espacio que desde entonces ha funcionado como laboratorio de investigación interdisciplinar: arquitectos, ingenieros, artesanos, investigadores y técnicos especializados que trabajan juntos en el desarrollo de proyectos que van desde instalaciones en museos hasta intervenciones en espacio públicos.
Tu inconmensurable expansión de llamaradas no es la exposición más ambiciosa de Eliasson en términos de escala. Pero hay algo en la concentración de la propuesta que resulta coherente con el mejor trabajo del artista. Las pinturas no son ilustraciones de una idea; son un registro de lo que ha ocurrido,, de un proceso físico que el artista acompañó sin llegar a dirigir del todo. Esto es lo que Eliasson lleva décadas proponiendo: Que el espectador no sea un simple receptor pasivo sino un participante activo en la construcción de lo visible.
La exposición se podrá visitar a partir del 25 de febrero hasta el 25 de abril, de lunes a viernes de 10:30 a 19:30 y los sábados de 11:00 a 14:00, en la Galería Elvira Gonzalez.


