Por Ana Domínguez-Siemens
A nadie que pase por Milán todos los años para visitar el “Salone del Mobile”, la feria del mueble más importante del planeta, se le escapa la presencia de Marva Griffin. Tiene el don de la ubicuidad, está en todas partes y todo el mundo la conoce y la saluda, es difícil que pasen inadvertidas su alegría y su apabullante personalidad. No en vano es la directora de comunicación del Salone cuyo mensaje lleva cada año junto a María Porro, la actual presidenta (antes con Manlio Armelini), a todos los rincones del planeta en unos periplos que a cualquiera dejarían exhausto.
Pero no a ella, esa incansable máquina humana tiene tiempo también para dedicarle al que es su proyecto estrella, por el que es reconocida y admirada: el “Salone Satellite”, el lugar que ella fundó con una visión de futuro encomiable. Se trata del sitio donde los creadores jóvenes, pagando muy poco dinero, exponen su trabajo en la esperanza de que los grandes industriales que exponen en el Salone, pasen por allí, se fijen en ellos y decidan iniciar una colaboración, ese gran salto que todos esperan y desean, que les traerá trabajo, desarrollo y reconocimiento.
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