El Centro Niemeyer celebra con fuerza el centenario del escultor Martín Chirino con DEAR MARTIN!, una exposición inédita y poderosa que explora su intensa conexión con Estados Unidos, donde dejó una huella firme en museos icónicos como el MoMA, el Guggenheim o el Metropolitan. Del 2 de junio al 21 de septiembre de 2025, la cúpula del centro se convierte en epicentro de un relato vibrante y emotivo que reúne esculturas monumentales, dibujos, archivos personales y piezas audiovisuales que revelan cómo el arte de Chirino dialogó con la cultura norteamericana durante más de tres décadas.
La muestra, fruto de una investigación extensa, reúne casi sesenta piezas que permiten descubrir otra faceta del artista: la que se forjó en el contacto con la escena creativa y crítica de Estados Unidos. Además de esculturas y dibujos, se exhiben cartas, catálogos, imágenes inéditas, música de época y grabaciones que capturan momentos de su paso por ciudades clave. El recorrido está pensado no solo como una revisión artística, sino como una inmersión en su experiencia vital al otro lado del Atlántico.
Aunque su trayectoria ha sido objeto de numerosas exposiciones, esta es la primera que enfoca de manera específica su implicación con el entorno cultural norteamericano, que comenzó en los años sesenta y se extendió a lo largo de toda su vida profesional. La exposición destaca cómo su obra fue acogida y valorada en círculos donde muy pocos artistas españoles habían logrado entrar. No fue una presencia ocasional, sino una constante que se tradujo en muestras individuales, participación en grandes colectivas y una red de coleccionistas, críticos y galeristas que apoyaron su trabajo durante décadas.
Desde sus primeras apariciones en importantes espacios de Nueva York, el escultor supo conectar con una sensibilidad distinta sin perder su esencia.
Su lenguaje basado en el hierro y el gesto abstracto encontró eco en un contexto artístico que valoraba la honestidad de los materiales y la potencia de las formas esenciales. A partir de su colaboración con una galería de referencia, sus obras se convirtieron en habituales de los principales circuitos y su nombre empezó a formar parte del relato artístico de la época.
El viaje, entendido no solo como desplazamiento físico, sino como forma de conocimiento, fue una constante en su forma de entender el mundo. Ya desde niño se sintió atraído por la idea de explorar, y esa inclinación quedó reflejada en sus decisiones vitales y en su obra. El contacto con Estados Unidos no fue solo profesional: allí encontró amistades duraderas, lugares para trabajar, y experiencias que influirían en su manera de crear. Vivió y produjo en entornos rurales cercanos a las grandes ciudades, combinando silencio y estímulo, y reflejando todo ello en sus esculturas.
Parte del valor de esta exposición está en cómo reconstruye ese entramado personal y artístico a través de materiales que van más allá de lo meramente visual. Hay registros fílmicos de su proceso creativo, retratos en blanco y negro que lo muestran en momentos de introspección o de trabajo, y documentos que revelan la profundidad de sus vínculos con otras figuras del pensamiento y el arte.
Todo ello configura una narrativa rica y matizada, que nos acerca a su universo con una perspectiva nueva.
El montaje busca acompañar al visitante en ese viaje sin imponer una lectura única. Hay espacio para lo monumental, pero también para lo íntimo. Algunas de las esculturas se presentan junto a textos críticos que dialogan con su obra; otras están rodeadas de sonidos que evocan las atmósferas en las que fueron creadas. Se ofrece, además, por primera vez, la proyección completa de una película rodada en los años setenta, que lo retrata en un momento especialmente fértil de su trayectoria.
La figura del caminante, de aquel que se mueve sin detenerse en busca de algo más profundo, aparece aquí como símbolo de su espíritu. Su paso por distintos países no respondía a la moda ni a la oportunidad, sino a una necesidad interior de búsqueda, de conexión, de escucha. Y fue precisamente ese impulso el que lo llevó a convertirse en uno de los creadores más singulares de su generación, capaz de tender puentes entre mundos distintos sin traicionar su voz.
Esta exposición no es solo una celebración, sino una invitación a mirar desde otro ángulo la trayectoria de un artista que hizo del hierro un lenguaje, del silencio una herramienta y del movimiento una forma de estar en el mundo.


