Hay imágenes que no envejecen. Las de Marilyn Monroe llevan más de seis décadas circulando por museos, libros de arte, portadas de revistas y paredes de dormitorios adolescentes con la misma fuerza que tenían la primera vez que aparecieron publicadas. Este verano, la National Portrait Gallery de Londres propone algo diferente, no una nueva celebración del mito, sino una revisión honesta de la mujer que lo construyó.

Marilyn Monroe: A Portrait abre sus puertas el 4 de junio de 2026 en celebración del centenario de nacimiento de la actriz, y se presenta en colaboración directa con el estate de Marilyn Monroe. La muestra permanecerá en la galería londinense hasta el 6 de septiembre, lo que la convierte en una de las propuestas culturales más esperadas del año en el Reino Unido, y sin duda una de las más ambiciosas en torno a su figura.

La directora de la National Portrait Gallery, la doctora Flavia Frigeri, lo resume con precisión, “Marilyn Monroe fue una de las personas más fotografiadas del siglo veinte, pero la complejidad de quien fue ha quedado con frecuencia oscurecida por las mismas imágenes que la hicieron famosa. Esta exposición la posiciona como una fuerza creativa, poniendo el foco en los fotógrafos con quienes colaboró estrechamente y revelando como ella misma moldeó las imágenes que definieron su legado.”
Ese giro en la narrativa es precisamente lo que hace interesante a esta exposición. Lejos de presentar a Monroe como objeto pasivo de la mirada masculina, una lectura que durante décadas dominó tanto el análisis popular como el académico, la muestra parte de una premisa distinta, que detrás de cada fotografía había una negociación, una decisión, una mujer que sabía exactamente lo que estaba construyendo.

La exposición reúne obras de Andy Warhol, Pauline Booty, Marlene Dumas, James Gill, Rosalyn Drexler y Audrey Flack, junto a más de veinte fotógrafos que definieron su época, entre ellos Cecil Beaton, Philippe Halsman, Andre de Dienes, Eve Arnold, Inge Morath, Alfred Eisenstaedt, Milton Greene, San Shaw, Richard Avedon y George Barris. La lista no es sólo impresionante por los nombres que la integran, sino por lo que revela, Monroe no posó ante cualquiera. Sus colaboraciones más duraderas fueron con fotógrafos que la trataron como a una interlocutora, no como a un sujeto.

Greene, Milton H. Greene © MHG Collective, LLC.
Eve Arnold, por ejemplo, la acompañó en rodajes y momentos privados durante años, produciendo algunas de las imágenes más cargadas de intimidad que existen de ella. Cecil Beaton, cuya obra forma parte de la colección permanente de la National Portrait Gallery, la retrató en 1956 con esa mezcla de glamour estudiado y vulnerabilidad contenida que muy pocos supieron capturar. Richard Avedon, siempre más interesado en el carácter que en la superficie, también dejó retratos suyos que siguen siendo material de referencia para quienes estudian fotografía de moda y retrato.

Más allá de la fotografía, Monroe también capturó la imaginación de artistas del pop, sus “Marilyn” de Andy Warhol entre las obras de arte más cotizadas del mundo, y su imagen fue reinterpretada con igual intensidad por Pauline Booty, y más tarde, por Cindy Sherman y Marlene Dumas, artistas que encontraron en ella un espejo para hablar de belleza, fama y poder.
La exposición también incluirá objetos personales, libros, guiones y ropa para enriquecer la comprensión de la mujer detrás de la imagen. National Portrait Gallery Ese componente documental es clave. Porque Monroe leía a Dostoievski y estudiaba con Lee Strasberg en el Actors Studio. Porque tenía contratos que negociaba y productoras que fundó. Porque Norma Jeane Mortenson el nombre con el que nació en Los Ángeles el 1 de junio de 1926 tomó una decisión consciente de convertirse en algo más grande que ella misma, y en gran medida lo logró.
El recorrido abarca desde las primeras fotografías de pin-up tomadas cuando era todavía una modelo joven llamada Norma Jeane, hasta las últimas imágenes, tomadas en la playa de Malibú en 1962 Divento, el año de su muerte. Ese arco narrativo de poco más de quince años de carrera pública condensa una de las transformaciones de imagen más radicales y calculadas de la historia del entretenimiento.

El catálogo de la exposición, editado por Rosie Broadley, incluye textos de la actriz y directora Lena Dunham, la dramaturga y crítica cultural Bonnie Greer, y la historiadora del arte feminista Griselda Pollock, lo que anticipa que el enfoque académico y cultural de la muestra estará a la altura de su ambición visual.
Marilyn Monroe: A Portrait se presenta en un momento en el que el interés por revisar la narrativa de las mujeres que fueron objeto de la cultura popular y no sujetos de ella, sigue siendo urgente y necesario. La National Portrait Gallery, que en los últimos años ha consolidado su posición como uno de los espacios expositivos más relevantes de Europa con muestras como la de Francis Bacon o Jenny Saville, apuesta esta vez por una figura que trasciende cualquier categoría. No solo la del icono. También la del retrato.


