
El desfile de Louis Vuitton para FW26 dejó una sensación casi como un estado de ánimo. Nicolas Ghesquiere cerró un frenético mes de moda en París con la presentación de su colección en la Cour Carré del Museo del Louvre, transportando a los asistentes a un mundo natural visto desde un lente casi de ciencia ficción. El título lo decía todo: Super Nature. La naturaleza desde una perspectiva elevada, reinterpretada, casi de manera mitológica.
En el Cour Carrée, el diseñador de producción Jeremy Hindle concibió un paisaje escultórico que evoca los verdes valles de la ciudad natal del fundador de Louis vuitton, en las montañas del Macizo del Jura, una abstracción entre el pasado y el futuro, donde el exterior y el interior convergen para representar un cuadro pastoral.

Las estructuras dentadas de color verde creaban un ambiente casi mistico y las modelos atravesaban esa escenografia como viajeras cruzando un terreno desconocido. Ghesquiere lleva más de una década construyendo mundos en la pasarela, pero esta vez la ambición era diferente. Más física y más habitada.
Bajo la dirección de Ghesquiere, la pasarela jugó con épocas y culturas, transformando el show en un relato visual en el que la prenda se convirtió a la vez en armadura, vestuario y objeto arquitectónico. Siluetas guerreras, influencias orientales y accesorios escultóricos se encontraron para construir un armario pensado para exploradoras contemporáneas.
El desfile de Louis Vuitton arrancó con abrigos de hombros exagerados que dibujan formas geométricas, corazones y siluetas de marcada inspiración cubista. El volumen fue protagonista absoluto, ese tipo de volúmenes que no busca esconder sino afirmar. Algunas piezas adoptaron construcciones de patchwork, como si las prendas estuvieran ensambladas a partir de fragmentos de distintas culturas recogidos a lo largo de un viaje.


El propio diseñador Nicola Ghesquiere explicó su punto de partida tras el desfile: “Hay prendas que podrían transportarse libremente por el mundo, casi como los nómadas, así que realmente había esa idea de folclore universal. Se trata de la silueta, se trata de la arquitectura, pero también se trata de la historia colectiva, de las imágenes generales que todos tenemos”
A lo largo de toda la presentación se respiraba una esencia nostálgica y profundamente lúdica: pequeñas ovejas y pollitos bordados adornan faldas y espaldas de chaquetas, un bolso con forma de caldero y tocados que parecen tiendas de campañas sobre las cabezas de los modelos. Ghesquiere confirmó que no fue casualidad: “Había algunos cameos de animales que se pueden encontrar en las montañas, como un lobo, una oveja y un conejo.”

Los accesorios, como siempre en esta casa, no fueron un complemento sino parte del argumento. Los bolsos adoptaron la forma de pequeñas maletas rígidas que evocan el equipaje que dio fama y alguna pieza fue aún más lejos: un bolso de madera en forma de casita para pájaros, convirtiendo el accesorio en un objeto híbrido entre escultura y marroquinería. Y si tuviéramos que quedarnos con un elemento, serían los enormes sombreros triangulares, la versión de alta costura de los barquitos de papel que todos hacíamos de niños.
Nicola Ghesquiere no olvidar la herencia que custodia. Reinterpretar un conjunto de joyas de Man Ray que en su día llevó Catherine Deneuve, tocándola con los remaches propios de un baúl Louis Vuitton. Y el bolso Noé regresó en su forma y colores originales de 1932, mientras que las Mini Malles aparecieron en versiones más suaves y nuevas. La joyería también tomó prestados los detalles de la tradición trunk-maker de la maison, con tachuelas que aparecían en pendientes, anillos y collares, como si el ADN del baúl fundacional impregnara hasta el último detalle de la colección. Los tacones, estaban tallados con formas de cuernos de ciervo.
La presentación en el icónico Louvre no se la quisieron perder actrices, influences y embajadores de la maison: Zendaya, Ana de Armas, Felix, Alicia Vikander o Chloe Grace Moretz, entro otros. También estuvieron el director de cine Baz Luhrmann y la patinadora Alsa Liu.


Vale la pena detenerse un momento en lo que representa Ghesquiere en el panorama actual. Lleva al frente del womenswear de Louis Vuitton desde 2013, habiendo superado a más de una docena de directores creativos en casas rivales durante ese tiempo. En la industria que celebra el cambio casi como fin en sí mismo, esa continuidad tiene un valor enorme. Le permite construir un universo con capas, referencias que se acumulan, un lenguaje propio que cada temporada se vuelve un poco más reconocible y tiene un poco más sorprendente a la vez.
Super Nature no es una colección fácil, no pretende serlo. Es una propuesta con carácter, que mezcla la herencia viajera de la maison con una visión del mundo natural que va mucho más allá del verde y los árboles. Ghesquiere sigue siendo uno de los diseñadores más coherentes con su propio universo y esta temporada lo reafirma con una colección que invita a mirar la ropa de otra manera: no como algo que se lleva, sino como algo que se habita.


