Lorenzo Villoresi apuesta por las fragancias afrutadas con Teti y Tropicana

La maison florentina llega a la nueva temporada con dos creaciones que resumen perfectamente hacia dónde se mueve la perfumería de autor: fragancias afrutadas que han dejado atrás los tópicos juveniles para convertirse en propuestas sofisticadas, versátiles y cargadas de significado.

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© Lorenzo Villoresi

Hay casas de perfumería que, con el paso de los años, se convierten en algo más que marcas. Lorenzo Villoresi, fundada en Florencia en 1990, es una de ellas. Detrás de cada frasco hexagonal que sale de su Palazzo del siglo XV en Via de’ Bardi, junto al río Arno, hay una historia que arranca décadas antes: la del propio Lorenzo Villoresi, filósofo de formación, viajero incansable y perfumista autodidacta que decidió cambiar la cátedra universitaria por los bazares de El Cairo y Marrakech.

Fue durante un viaje a Medio Oriente en 1981 cuando todo cambió. El café con cardamomo, el té con menta, los puestos de especias y esencias en los mercados: Villoresi descubrió que en aquella parte del mundo el olor era parte constitutiva de la vida cotidiana, algo inseparable de la hospitalidad, la comida o la espiritualidad. Esa revelación le marcó para siempre y se convirtió en el motor de una firma que hoy, con más de treinta años de trayectoria, es referencia mundial en perfumería nicho. En 2006, su trabajo fue reconocido con el Prix François Coty, el galardón más prestigioso del sector, que solo se concede una vez en la vida de un creador.

Hoy, con la primavera a la vuelta de la esquina, la maison pone el foco en dos de sus fragancias más capaces de capturar la energía de la nueva estación: Teti, la recién llegada a la colección Mare Nostrum, y Tropicana, una pieza de la Vintage Collection que sigue siendo tan adictiva como el primer día. Ambas pertenecen a la familia de las afrutadas, una categoría que está viviendo un momento de auténtica reinvención.

© Lorenzo Villoresi
© Lorenzo Villoresi

Durante mucho tiempo, las fragancias afrutadas cargaron con el estigma de lo superficial. Se las asociaba automáticamente con aromas empalagosos, con eau de toilette de adolescente, con composiciones fáciles y sin complejidad. Ese prejuicio, afortunadamente, está quedando obsoleto. La nueva generación de perfumes afrutados, especialmente los que vienen de casas como Lorenzo Villoresi, demuestra que la fruta puede ser un ingrediente de una profundidad y una elegancia notables.

Teti es la última incorporación a la colección Mare Nostrum y, al mismo tiempo, uno de los lanzamientos más esperados de la firma en los últimos años. El propio Lorenzo Villoresi la presentó en el Pitti Fragranze con una instalación artística en la Stazione Leopolda de Florencia, lo que da una idea del lugar especial que ocupa esta fragancia dentro de la colección. La inspiración es mitológica: Teti es la más bella de las ninfas, diosa del mar y de las aguas, símbolo de la juventud eterna y de la libertad. Esa imagen es exactamente lo que se puede oler en el frasco.

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© Lorenzo Villoresi
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© Lorenzo Villoresi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La fragancia arranca con una salida vibrante donde las bayas silvestres y la mandarina marcan el tono: fresca, chispeante, con esa viveza que tienen las frutas recién cogidas. No hay artificio ni dulzura forzada, sino una frescura que recuerda a frutas de verdad. El corazón se abre hacia un acorde floral delicado que integra magnolia, lirio del valle, flores blancas y grosellas; la fruta sigue presente pero dialogando en igualdad de condiciones con lo floral. El fondo es donde la composición revela su carácter más envolvente: melocotón entretejido con jazmín, mimosa, almizcle y flor de azahar, una base que aporta la profundidad y la permanencia que distingue a una fragancia de calidad de una simple colonia.

Si Teti mira al Mediterráneo, Tropicana viaja mucho más lejos. Perteneciente a la Vintage Collection, Tropicana es una fragancia que desde el primer momento transporta a un lugar concreto, aunque imaginario: una playa perdida entre islas, palmeras que se doblan con el viento, fruta exótica cayendo de los árboles, y ese calor denso y perfumado que solo existe cerca del ecuador.

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© Lorenzo Villoresi

En la salida mandan la piña, el melocotón, los frutos tropicales y el osmanthus, una flor de origen asiático que tiene la particularidad de desprender un aroma naturalmente afrutado, entre albaricoque y cuero suave. La magnolia añade un toque floral sin restar protagonismo a la fruta. El corazón es donde Tropicana muestra su lado más sensual: fruta de la pasión, melón, coco y leche crean una textura cremosa y envolvente, atravesada por el jazmín. El fondo es deliberadamente opulento: ylang-ylang, tuberosa, vainilla, chocolate y almizcle conforman una base que perdura horas sobre la piel y que en temperaturas altas se despliega con una generosidad aún mayor.

Tropicana no pretende ser una fragancia minimalista. Es abundante, directa, sin complejos en su afirmación de que lo tropical puede ser también sofisticado. Ese es, precisamente, su mayor mérito: la capacidad de construir un relato olfativo coherente y seductor a partir de materiales que en manos menos expertas podrían quedar en simple caricatura frutal.

Tanto Teti como Tropicana comparten una cualidad que resulta especialmente valiosa en las fragancias de uso diario: son perfumes que acompañan sin imponerse, que se adaptan a entornos y estados de ánimo distintos sin perder su identidad. Son agradables para quien los lleva y para quienes rodean a quien los lleva, algo que no siempre es sencillo de conseguir en una fragancia con personalidad.

La apuesta de Lorenzo Villoresi por las afrutadas para esta temporada no es un movimiento oportunista. Es coherente con la filosofía de la casa: crear perfumes que partan de la observación del mundo natural y de la memoria sensorial, que cuenten algo, que tengan un origen y un destino. Teti viene de la mitología mediterránea; Tropicana, de una fantasía de mares del sur. En los dos casos, la fruta no es el fin sino el vehículo para un viaje más amplio.

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