El Festival Internacional de Fotografía de Kioto 2026 acoge la primera colaboración de la maison francesa con Kyotographie, con la serie Camo de la artista keniana como protagonista.

Que dos fuerzas que han caminado en direcciones paralelas acaben convergiendo en el mismo punto no es casualidad, sino la consecuencia lógica de compartir un mismo lenguaje. Eso es, en esencia, lo que representa la colaboración entre Longchamp y Kyotographie 2026: la unión de dos entidades que llevan décadas cultivando una misma convicción, la de que el arte y la artesanía son formas de transmisión cultural, de diálogo entre generaciones, de afirmación de la identidad.
Del 18 de abril al 17 de mayo, el Kondaya Genbei Chikuin-no-Ma de Kioto acoge la serie Camo de la artista keniana Thandiwe Muriu, presentada por Longchamp como parte de la decimocuarta edición del festival japonés. Una colaboración inédita, cargada de capas de significado, que sitúa a una de las voces más poderosas de la fotografía contemporánea africana en uno de los escenarios culturales más evocadores del mundo.
Longchamp nació con esa filosofía: la de equilibrar autenticidad y energía creativa, rigor artesanal y apertura al mundo contemporáneo. No sorprende, entonces, que la familia Cassegrain haya mantenido desde siempre un diálogo vivo con la creación artística, que las paredes de sus espacios hayan acogido exposiciones, que la marca entienda el arte no como decoración sino como conversación.

Kyotographie, fundado en 2013 por Lucille Reyboz y Yusuke Nakanishi, opera bajo una lógica similar. En un país donde los festivales internacionales de fotografía son escasos, este certamen convirtió Kioto en un escenario para la imagen contemporánea, ocupando templos, galerías y espacios no convencionales con obras de fotógrafos emergentes de Japón y de todo el mundo.
Si hay una obra que encarna el espíritu de EDGE, el tema de esta edición de Kyotographie, es precisamente Camo, la serie con la que Thandiwe Muriu ha redefinido la fotografía de retrato africana contemporánea.
Camo es, un conjunto de fotografías de una belleza casi hipnótica. Sus modelos, mujeres de piel oscura, aparecen vestidas con telas de wax y kanga de África Oriental, tejidos de estampados geométricos y colores vibrantes, y posan frente a fondos que replican exactamente esos mismos patrones. El resultado es una ilusión óptica perfectamente construida: las figuras se funden con el entorno, desaparecen y al mismo tiempo resultan imposibles de ignorar. Un efecto que no es producto de la manipulación digital sino de una planificación milimétrica, de la elección cuidadosa de cada tela, de cada peinado, de cada uno de los objetos que adornan a sus protagonistas.
Porque los detalles en Camo no son accesorios, son el núcleo de la obra. Muriu diseña personalmente cada prenda, colaborando con sastres y artesanos locales de Nairobi. Los peinados son elaboradas construcciones arquitectónicas que remiten a fotografías de archivo y a tradiciones del pasado. Y las gafas, ese elemento que a primera vista parece solo extravagante, son en realidad un inventario poético de la cultura cotidiana keniana: hay monturas hechas con rodillos de plástico para el pelo, con engranajes de bicicleta negra, con estropajo de acero de los que se usan para fregar las sufurias, las ollas de aluminio que están en todas las cocinas del país. Cada par de gafas es una historia, un guiño, una memoria.

La serie nació alrededor de 2015, a partir de una pregunta que Muriu se hacía a sí misma. Fotógrafa autodidacta que aprendió con los vídeos de YouTube y con las revistas Vogue de su hermana mayor, que se formó en la fotografía de moda antes de darse cuenta de que necesitaba hacer imágenes que hablaran de quién era y de dónde venía, Muriu buscaba algo que diferenciara su trabajo. «Me encanta la fotografía de moda, podría hacerla todo el día, pero me di cuenta de que tiene que reflejar quién soy», explicó en su momento. Y así surgió Camo, como una reflexión personal sobre cómo una puede desaparecer en el fondo de su propia cultura.
La artista eligió de forma deliberada modelos de piel oscura para cuestionar lo que ella misma llama la «cultura del blanqueamiento» en Kenia, donde ciertos estándares de belleza importados asocian la tez más clara con la belleza. Su primera modelo tenía diastema, un hueco entre los dientes que en la cultura kikuyu es símbolo de belleza, y lucía el cabello natural. La intención era que una niña keniana de diez años pudiera ver esas imágenes y reconocerse en ellas.
A todo esto se suma otra capa: cada fotografía de Camo va acompañada de un proverbio africano. Son sentencias que destilan la sabiduría oral acumulada durante generaciones, una forma de transmitir cultura de modo visual en la era de las imágenes. «Un árbol no puede sostenerse sin raíces», dice uno de ellos, y resume perfectamente la propuesta de Muriu: la identidad no existe en el vacío, está hecha de todo lo que vino antes.
Thandiwe Muriu nació en Nairobi en 1990, en una familia poco convencional. Su padre, fotógrafo aficionado, crió a sus cuatro hijas con una filosofía que rompía con los roles de género: les enseñó a cambiar neumáticos, a preparar barbacoas, a reparar ordenadores, y también a mirar el mundo a través de una lente. Muriu descubrió la Nikon D80 de su padre y fue lo que ella misma describe como química instantánea.

Desde entonces, su carrera ha seguido una trayectoria ascendente que la ha llevado de Nairobi al mundo entero. Ha expuesto en el evento colateral de la 60ª Bienal de Venecia, con el proyecto Passengers in Transit presentado por el CCA Lagos. Ha participado en la exposición WAX! en el Musée de l’Homme de París. Ha presentado una muestra individual en la Universidad de Nueva York. En 2020 ganó el Premio del Público en Photo London, y en 2021 fue reconocida con el Female in Focus Single Image Award. También ha completado residencias en el Centro Bellagio de la Fundación Rockefeller y en el Museo Nacional de Kenia.
Su obra se inspira profundamente en las narrativas textiles, especialmente en el wax de Ankara y en el kanga de África Oriental, que utiliza como lienzo para redefinir, celebrar y recordar. Los textiles son para Muriu mucho más que telas: son documentos históricos, expresiones de identidad, objetos tan dinámicos como las personas que los tejieron.
La relación entre Muriu y Longchamp comenzó en 2025 y se ha consolidado como uno de los diálogos creativos más fructíferos de la maison con artistas contemporáneos. Desde el principio, la artista identificó una visión compartida: la de celebrar el empoderamiento de las mujeres, amplificar sus voces y afirmar, a través del arte, una expresión audaz de la feminidad.
Desde Longchamp, Sophie Delafontaine, directora creativa de la maison, ha subrayado la dimensión profundamente humana de esta colaboración: «Con Thandiwe Muriu, el diálogo adquiere una dimensión profundamente humana: su perspectiva celebra la riqueza de las identidades y el poder del patrimonio cultural. Su participación en Kyotographie 2026 se hace eco, de forma natural, de nuestro compromiso con la artesanía, la transmisión y la creatividad en constante evolución.»

Kyotographie no es el único escenario en el que Longchamp y Muriu se reencuentran este año. En paralelo al festival, la maison presenta una selección de obras de la artista en su espacio Longchamp La Maison Omotesando, en Tokio, como muestra del vínculo sostenido que ambas partes han construido.
La participación en Kyotographie se enmarca en una apuesta artística más amplia que Longchamp viene desarrollando con coherencia. A principios de año, en enero, la maison organizó en su flagship de la Rue Saint-Honoré de París la exposición Geometry of Colors, con obras de Geneviève Claisse. En abril, coincidiendo con la Milan Design Week, Kyotographie marcó un nuevo capítulo en ese compromiso global.
No se trata de patrocinio cultural al uso, sino de algo más cercano a la convicción: la de que los valores que definen a Longchamp, la autenticidad, la artesanía, la transmisión, el diálogo con la contemporaneidad, son exactamente los mismos que animan a un festival como Kyotographie y a una artista como Thandiwe Muriu.

El tema elegido por Kyotographie para su edición 2026, EDGE, resulta especialmente apropiado para albergar una obra como Camo. Sus fundadores, Reyboz y Nakanishi, lo describen como un espacio de tensión y de transición simultáneas: «Vemos enfoques radicales de la fotografía junto a estudios sobre el declive urbano, mientras los documentos de comunidades marginales se entrecruzan con cuestiones vigentes de colonización y disputas territoriales.»
El edge, el borde, es en este contexto mucho más que un concepto estético. Es la orilla donde la fotografía oscila entre el documento y el arte, entre la verdad y la ficción. Es el umbral desde el que Muriu observa la identidad de la mujer africana contemporánea: ni completamente visible ni completamente invisible, fundida con su entorno y al mismo tiempo irreductiblemente presente.


