Entre corsés, encajes y vestidos en chemise, el Museo Jean-Jacques Rousseau acoge una exposición que ofrece un recorrido por la evolución del vestir en un siglo de contrastes.
Entre las paredes del Museo Jean-Jacques Rousseau, en Montmorency, la moda del siglo XVII revive gracias a la exposición ‘L’étoffe des Lumières. Vêtements et accessoires au XVIIIe siècle’. Abierta hasta el 16 de octubre, es una muestra que ofrece una inmersión cultural en un siglo marcado por la opulencia, las tensiones sociales y el despertar del pensamiento moderno.
Realizada en colaboración con La Dame d’Atours, especialista en reconstrucción histórica, y con préstamos del Museo Cognacq-Jay, la exposición incluye una cuidada selección de trajes, accesorios, ilustraciones y pinturas que revelan cómo el arte de vestir fue un espejo de una sociedad en plena transformación. Las piezas expuestas también dialogan con el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau, figura central del museo, cuya visión sobre la naturaleza, la infancia y la autenticidad influyó también en las prácticas vestimentarias.
A través de un recorrido temático por la moda femenina, masculina, infantil y los complementos, el visitante puede observar la evolución del vestir a lo largo del siglo. Muestra cómo las clases más favorecidas competían en quién tenía más refinamiento en la composición y ornamentación de sus vestidos, y las clases populares las copiaban. Sin embargo, con la llegada del pensamiento de Rousseau, estas fueron variando para una mayor libertad del cuerpo.
Pone de relieve la constante tensión entre ostentación y simplicidad. Desde el vestido a la francesa, símbolo de sofisticación y etiqueta cortesana, hasta la aparición del vestido en chemise, impulsado por María Antonieta. Esta dualidad también afectó al guardarropa masculino. Los trajes a la francesa cedieron progresivamente su lugar a prendas más funcionales como el frac o la redingote, influenciados por la moda inglesa y el gusto burgués.
En la moda infantil, hasta entonces ausente, también encuentra su espacio. Bajo la influencia del pensamiento rousseauniano, comienzan a valorarse las necesidades de los más pequeños, y surgen prendas adaptadas a su movilidad, comodidad e higiene. Este cambio, que parece sutil, supuso una revolución en la concepción social de la niñez.
La exposición se completa con una sección dedicada a la ropa interior y los accesorios, elementos muchas veces invisibles pero esenciales para entender la silueta y el estatus social de la época. Corsés, miriñaques, pelucas y sombreros, adornados con cintas, plumas o flores, no eran meros adornos: afirmaban jerarquías, declaraban afinidades políticas y revelaban aspiraciones personales. En una época en la que el atuendo podía decir más que las palabras, cada capa y cada detalle contaban una historia.
Además de su valor histórico, ‘L’étoffe des Lumières’ se propone como una experiencia sensorial y participativa. El museo ha organizado actividades paralelas como talleres creativos, conferencias, búsquedas del tesoro y conciertos en sus jardines. Un programa que busca abrir la exposición a públicos diversos y demostrar que la historia del vestir es también una puerta de entrada al pensamiento, la cultura y el arte.


