Hay maisons que saben reinventarse sin perder el hilo de lo que son. CHANEL lo hace con una regularidad que, lejos de volverse predecible, resulta cada vez más sofisticada. La prueba más reciente llega desde La Chaux-de-Fonds, sede de la Manufacture horlogère de la maison, con la Coco Game Capsule Collection, catorce piezas que toman los códigos de la alta relojería y los reinterpretan a través del lenguaje visual de los videojuegos, los juegos de mesa y las cartas. El resultado es una colección que oscila entre el objeto de arte y el juguete de lujo extremo, con Gabrielle Chanel como figura central e indiscutible.

La colección nació de la visión de Arnaud Chastaingt, director del Watchmaking Creation Studio de CHANEL, quien lleva años explorando la relación entre la identidad visual de la maison la línea, el negro y el blanco y las posibilidades técnicas de la manufactura suiza. Esta vez, el punto de partida fue el universo lúdico: el ajedrez, el dominó, los naipes, los píxeles de los primeros videojuegos. Todos ellos tienen en común esa misma dualidad cromática que define a CHANEL desde sus orígenes. El encaje conceptual era inevitable.
La pieza más extraordinaria de la colección es, sin duda, el tablero de ajedrez, una obra única literalmente, pièce unique que funciona como objet d’art y como reloj simultáneamente. Sus 32 piezas están esculpidas en cerámica de alta resistencia, un material siete veces más duro que el acero que CHANEL ha trabajado con maestría desde la introducción del J12 en 2000, y en oro blanco de 18 quilates con incrustaciones de diamantes. Cada figura remite al universo de Mademoiselle, la columna Vendôme como torre, el león como rey, un busto de alta costura como alfil. Las dos reinas, una negra, una blanca, son las únicas que ocultan un mecanismo de relojería bajo su pedestal y pueden desprenderse del tablero para llevar como collar en una cadena de oro blanco, diamantes y ónix. El tablero suma en total 9.236 diamantes de talla brillante, con un peso aproximado de 110,94 quilates. No hay más palabras necesarias.

Dentro de la colección, el Gabrielle Watch limitado a diez ejemplares representa otra dimensión del savoir-faire de la manufactura. La silueta de Mademoiselle en su pose más icónica, mano en el bolsillo y traje de tweed blanco, emerge tridimensionalmente del dial lacado en negro, esculpida en oro blanco a partir de un modelo vivo. La técnica del tweed setting, desarrollada específicamente para reproducir el efecto tejido del tweed mediante diamantes, requirió diez pruebas y la intervención de dos engastadores expertos. El collar largo Gabrielle, limitado a cinco piezas, recoge esa misma silueta suspendida sobre un pompón de 256 cuentas de ónix, sumando más de 1.000 diamantes en una sola pieza de joyería-reloj.

La colección también abraza el lenguaje más contemporáneo de los píxeles. El Coco Game Long Necklace, igualmente limitado a cinco unidades, transforma a Mademoiselle en un personaje de videojuego de 8 bits, una figura pixelada en titanio con revestimiento negro PVD y oro blanco, con 193 diamantes incrustados y cuatro meses de desarrollo técnico detrás para conseguir ese diseño geométrico de apariencia tan sencilla. Es la misma lógica que se traslada al J12 Coco Game, donde la figura pixelada de Mademoiselle recorre el contorno del dial como si avanzara por una pantalla. Para que el peso no alterara el equilibrio del segundero, la silueta fue cortada con láser en placa de carbono, un proceso que exigió diez meses de desarrollo. El J12 X-Ray Coco Game, numerado y limitado a doce piezas, lleva la transparencia al extremo, caja y brazalete en cristal de zafiro con oro blanco, bisel pavé de diamantes de talla baguette y el movimiento Calibre 3.1 de manufactura completamente visible, con puentes y platina en cristal de zafiro. La fabricación de los componentes de cristal de zafiro de esta pieza requirió 1.600 horas de mecanizado.


El J12 Coco Game Charms, limitado a 55 ejemplares, propone una versión más accesible relativamente hablando dentro de la misma lógica pixelada, un charm de acero con la figura de Mademoiselle en laca negra y blanca cuelga de la corona de un J12 en cerámica blanca mate. Conseguir bordes suaves sin deformar el patrón de píxeles de 0,5 mm llevó diez meses de trabajo en la manufactura.

En la línea BOY·FRIEND, Gabrielle se convierte en la Reina de Corazones. Su retrato en blanco y negro traje de tweed, sombrero canotier, collares de perlas superpuestos ocupa el dial rectangular como si fuera una carta de baraja, con dos aplicaciones metálicas en forma de corazón que suavizan la austeridad del conjunto. La pieza más exclusiva de esta línea, limitada a 55 ejemplares, lleva el bisel pavé de diamantes de talla baguette, existe también una edición limitada con bisel lacado en blanco, más depurada. Ambas se acompañan de una correa de piel de becerro blanca con ribete negro que refuerza ese espíritu de juego de naipes.
El Première Coco Game Ring limitado a cinco piezas es un secreto dentro de una sortija, girando el diamante de talla baguette de 0,90 quilates engastado en el cristal de zafiro, se alterna entre una cara de joyería y la esfera octogonal característica del Première, con su cinta de oro ennegrecido. El cuerpo del anillo va pavé de brillantes, completando más de 7 quilates totales de diamantes en una pieza de dimensiones contenidas. El Première Coco Game watch, en edición limitada, juega con seis charms que forman la palabra CHANEL en letras de acero, laca blanca y cristal de zafiro, suspendidos de la cadena entrelazada con cuero. Finalmente, el Code Coco Game inspirado en las fichas del dominó opone la blancura del brazalete de cuero acolchado al negro de sus dos diales, sellado con el cierre Mademoiselle y un diamante de talla princess.

Lo que hace de la Coco Game Capsule Collection algo más que una entrega de relojería de lujo es la coherencia del argumento que la sostiene. Cada pieza tiene sentido dentro de un relato mayor sobre quién fue Gabrielle Chanel, una mujer que entendió el juego, que conocía las reglas lo suficientemente bien como para reescribirlas, y que convirtió el negro y el blanco en el vocabulario más poderoso de la moda del siglo XX. CHANEL no ha hecho otra cosa que seguir jugando con ese mismo tablero.


