Vacheron constantin reúne en Watches & Wonders 2026 cinco obras que han redefinido los límites de la relojería, con el reloj astronómico autómata más ambicioso de su historia como programador absoluto.

Hay momentos en los que la industria relojera detiene el ritmo habitual de sus presentaciones para mostrar algo que trasciende el concepto de producto.
Watches & Wonders 2026, celebrado en Ginebra, ha sido escenario de uno de esos instantes. Vacheron Constantin ha elegido este escaparate para reunir, por primera vez en un mismo espacio, cinco creadores que no se pueden juzgar únicamente como relojes: son declaraciones de intenciones, pruebas físicas de que lo que ocurre cuando una manufactura decide que no existen límites técnicos ni artistas que valgan la pena respetar.
En el centro de la exposición titulada, “La Quête du Temps”, descansa la pieza que le da nombre: un reloj astronómico autómata que tardó siete años en completarse, que estuvo expuesto en el museo del Louvre durante el otoño de 2025 y que ahora realiza su primera aparición en suelo suizo. a su alrededor, cuatro relojes que establecieron o redefinieron lo que se consideraba posible dentro de la disciplina.
La Quête du Temps no es un reloj en el sentido estricto de la palabra. Es una síntesis entre instrumento de medición del tiempo, escultura cinética y automática funcional. Mide más de un metro de altura, pesa aproximadamente 250 kilogramos y está compuesto por 6.293 piezas. Su movimiento principal, el Calibre 9270, tiene un diámetro de 223 milímetros y alberga 23 complicaciones relojeras.


La figura humana que corona el conjunto no es un adorno. Es una complicación en sí misma: indica la hora a través de una coreografía de 144 movimientos distintos, sincronizada con una composición musical original encargada al artista Woodkid. El mecanismo de “memoria” que transfiere la información del calibre al autómata es una de las 15 patentes que amparan la pieza. Fue el automatiser François Junod, uno de los maestros de esta disciplina en Europa, quien dio vida a esta figura y quien reconoció que se trataba del proyecto más difícil que había tenido que enfrentarse en toda su carrera.
El reloj no está a la venta. Varcheron Constantin lo concibió como una pieza para la eternidad, que pertenecía a la maison. Esta decisión cambia radicalmente la forma en que se percibe el objeto: no es un producto destinado a un coleccionista, sino un manifiesto. Una demostración de que en 270 años de fabricación ininterrumpida todavía hay territorio inexplorado.
El domo de cristal reproduce el cielo de Ginebra tal y como se veía desde la ciudad el 17 de septiembre de 1755, el día en que Jean-Marc Vacheron fundó la manufactura. En la base de lapislázuli, cabujones de piedras duras representan los planetas del sistema solar. La cúpula, el reloj astronómico y la base forman un conjunto que los equipos de la manufactura tardaron años en concebir y coordinar, con la participación del fabricante de relojes de mesa L’Epée 2839 y de astrónomos del Observatorio de Ginebra.


Para acompañar esta creación monumental, Vacheron Constantin presentó el Métiers d’art – Tribute to the Quest of Time, un reloj de pulsera de edición limitada a 20 piezas que traduce la esencia de La Quête du Temps a un formato llevable. Construido en oro blanco de 18 quilates con una caja de 43 milímetros y un espesor de 13,58 milímetros, el reloj incorpora el nuevo calibre de cuerda manual 3670, con 512 componentes y cuatro solicitudes de patente propias.
La esfera delantera reproduce el cielo de Ginebra del 17 de septiembre de 1755 y presenta una figura dorada que señala las horas y los minutos con los brazos en dos arcos retrógrados independientes. El reloj ofrece dos modos de funcionamiento: el modo «activo», en el que la figura se mueve de forma continua, y el modo «espera», en el que los brazos descansan hasta que el usuario pulsa el botón de las 10 en punto para activar la indicación. El reverso, también de cristal de zafiro, muestra un disco azul con el mapa sidéreo en tiempo real.
La exposición no se limita a La Quête du Temps y su reloj derivado. Tres piezas adicionales completan el recorrido y ofrecen una perspectiva histórica sobre la capacidad de Vacheron Constantin para superar sus propios límites.

El reloj de bolsillo creado para el 260 aniversario de la Maison en 2015, ostentó durante años el récord mundial de mayor número de complicaciones en un solo reloj: 57 en total, entre las que destaca el primer calendario hebreo perpetuo de la historia de la relojería. Un logro que exigió ocho años de desarrollo y que sigue siendo, para muchos entendidos, una de las piezas más complejas jamás construidas.
En 2024, The Berkley Grand Complication tomó el relevo y elevó la cifra a 63 complicaciones, convirtiéndose en el reloj más complicado del mundo en el momento de su presentación. Su logro más destacado fue la integración de un auténtico calendario perpetuo chino, una primicia absoluta a nivel mundial fruto de 11 años de desarrollo, el último de los cuales se dedicó íntegramente al montaje de la pieza. Una hazaña técnica que, según los propios artesanos de la casa, supuso un desafío sin precedentes por la complejidad del sistema calendario chino y sus múltiples ciclos astronómicos.

Cerrando el círculo, el Solaria Ultra Grand Complication – La Première, presentado en 2025, se consolidó como el reloj de pulsera más complejo de la historia de la relojería. Fruto de ocho años de investigación y desarrollo, protegido por 13 patentes, incorpora 41 complicaciones que incluyen una combinación sin precedentes de cinco funciones astronómicas en un reloj de pulsera. El Solaria fue la gran novedad de Vacheron Constantin en Watches & Wonders 2025, y su presencia en esta exposición permite comprender la trayectoria de la Maison con una claridad difícil de conseguir de otra manera.
Fundada en 1755 en Ginebra, Vacheron Constantin es la manufactura relojera con la producción más antigua e ininterrumpida del mundo. Más de 270 años sin detener los telares. Esta continuidad no es un dato menor: en un sector donde muchas casas han pasado por cierres, fusiones o periodos de inactividad, la consistencia histórica de Vacheron Constantin constituye en sí misma un argumento.
«La Quête du Temps» no es una exposición sobre el pasado. Es, ante todo, una demostración de que la alta relojería puede seguir siendo un terreno de exploración genuina. En un momento en que la industria oscila entre la nostalgia y la innovación superficial, Vacheron Constantin elige el camino menos cómodo: el de crear piezas que nadie había pedido, que ningún mercado había reclamado, pero que, una vez vistas, resultan difíciles de olvidar.



