
Hay algo paradójico en el título de la primera gran exposición institucional que Madrid le dedica a Jordi Teixidor. No-res “nada” en valenciano, no es una declaración de vacío, sino exactamente lo contrario. Para el artista, la nada es el lugar donde todo empieza. “No queremos hablar de lo que no hay, sino de lo que hay, y lo que hay es la nada, un concepto en el que se fundamenta la historia del siglo X”, afirma Teixidor. Con esa idea como hilo conductor, la Sala Alcalá 31 acoge hasta el 19 de abril más de medio centenar de obras que recorren seis décadas de trabajo del pintor valenciano. No es un concepto vacío ni un juego de palabras, No-res es, en la lógica de Teixidor, el estado previo a cualquier forma. La ausencia total como condición necesaria para que algo aparezca. Esa tensión entre lo que existe y lo que todavía no ha tomado forma es lo que atraviesa toda la muestra, y lo que convierte este recorrido en algo más cercano a una experiencia contemplativa que a una retrospectiva al uso.

Que esta sea su primera exposición institucional en la capital llama la atención, considerando que Teixidor lleva viviendo en Madrid desde los años ochenta y que su obra forma parte de colecciones como la de Guggenheim de Nueva York, el museo Reina Sofía o el San Francisco Museum of Modern Art. El reconocimiento llegó formalmente en 2024, con el premio Nacional de Artes Plásticas, pero la ciudad que lo acogió tardó en darle este tipo de espacio. No-res, comisariada por Ángel Calvo Ulloa, parece querer compensarlo.

Para entender el peso de esta exposición, conviene situar a Teixidor dentro de su contexto. Nacido en Valencia en 1941, pertenece a una generación de artistas españoles que desarrollaron su obra en paralelo al agotamiento del franquismo y a la apertura cultural que vino después. Su trabajo se enmarca dentro de la abstracción, pero con una particularidad, nunca fue gestual ni expresiva. Teixidor siempre apostó por la contención, por la geometría, por el silencio. El color negro que aparece de forma recurrente en su pintura, no remite a la oscuridad ni al drama, sino a una presencia solida, casi arquitectónica.
Su paso por Nueva York a finales de los setenta fue determinante. Llegó después de participar en la Bienal de Venecia de 1976, dentro de la histórica muestra España. Vanguardia artística y realidad social, y allí entró en contrato con una escena que ya estaba procesando el minimalismo y el arte conceptual. En 1979 expuso en el Guggenheim dentro de New Images from Spain. Esa experiencia lo marcó, aunque su respuesta no fue asimilar lo que veía sino profundizar en su propio lenguaje, las figuras geométricas, el color como estructura, la pintura como espacio de reflexión. A su regreso, se instaló en Madrid, ciudad desde la que ha trabajado hasta hoy.

La exposición se distribuye en dos plantas y está estructurada de forma cronológica, aunque sin ánimo de trazar una línea evolutiva limpia. Lo que le interesa es mostrar las conexiones que existen entre los períodos distintos, motivos que reaparecen, obsesiones formales que persisten. Las puertas, las ventanas, las cruces, el negro, siempre el negro, pero sin tragedia, son hilos que atraviesan décadas de producción y que en esta muestra quedan visibles por primera vez de manera conjunta. Calvo Ulloa ha señalado que hay piezas datadas hace veinte años que resultan más cercanas a las actuales que algunas de hace una década, lo que dice mucho de cómo trabaja Teixidor, no en línea recta, sino en espiral.
31 cuadernos, seis décadas abiertas al público
El elemento más singular de No-res, es sin duda, la vitrina central que reúne los 31 cuadernos de trabajo del artista, desde 1965 hasta hoy. Veintitrés siguen en manos de Teixidor; los ocho restantes pertenecen al IVAM. No son bocetos en el sentido convencional, sino el esqueleto completo de su obra, los proyectos realizados, los que no llegaron a ningún lado, las dudas, los errores. “Soy consciente de que estoy enseñando cierta intimidad”, ha reconocido el propio artista. Es la primera vez que se presentan juntos y completos, aunque una selección ya pudo verse en la fundación March y en el propio IVAM en exhibiciones anteriores.

La planta baja alberga otro espacio que merece atención por sí solo, una especie de capilla construida a partir de cinco obras de gran formato en tonalidades negras y verdosas. No es la primera vez que Teixidor plantea este tipo de montaje, lo habría hecho antes en el IVAM y en la fundación Sorigué, pero en Alcalá 31 adquiere una presencia arquitectónica propia. La propuesta no apunta a las obras en sí, sino a lo que ocurre en quien se coloca entre ellas. No-res puede visitarse de martes a sábado de 11:00 a 20:30 h, y los domingos de 11:00 a 14:00 h.


