
Por Íñigo de Amescua
Asentada a 850 metros de altitud, entre los pliegues de la serranía de Ronda (Málaga), y levantado con piedra, cal, madera y cerámica, La Donaira parece recostarse entre las hierbas salvajes. Olivares, bosques de encinas, frutales, prados, viñedos… 700 hectáreas con un cortijo de más de 110 años en su corazón. Restaurada con sencillez, atención por las texturas naturales y énfasis en la sostenibilidad, sus instalaciones incluyen nueve habitaciones, un centro ecuestre con cría de caballos lusitanos, un jardín medicinal, un huerto ecológico, colmenas, viñedos, sauna y piscina cubierta.


La Donaira se construye alrededor de un eje formado por la sostenibilidad, la autosuficiencia y la conexión profunda con la tierra en la que nació. Por ello trabajan para que todo lo que se consuma provenga bien de su propio jardín o bien de productores de cercanía. La gastronomía late en el centro del proyecto de La Donaira. En este sentido, procesan todos los días leche fresca de vaca y cabra ordeñada horas antes para elaborar ricota, mantequilla y yogur; producen su propio aceite de oliva virgen extra; confeccionan su pan de masa madre y ofrecen los huevos de sus gallinas criadas en libertad. Además, en su viñedo, cultivan viñedos de Petit Verdot o Blaufränkisch y colaboran con enólogos andaluces con el fin de preservar antiguas variedades de uva en peligro de extinción con su proyecto Roca Viva Wines.
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