Nunca había intervenido un espacio habitado. Tampoco se había encontrado cara a cara con Goya, Veláquez, Tiziano, Rubens y Murillo. Con Flamboyant, la exposición que la ha llevado a intervenir el Palacio de Liria en Madrid, Joana Vasconcelos añade una nueva capa al diálogo que busca generar con sus obras. Una conversación entre pasado y presente que crea y provoca emociones compartidas.
Por: Laura García del Río
Lo primero que llama la atención de la obra de Joana Vasconcelos es la espectacularidad de sus obras. Lo segundo, son los materiales. Una tarta de doce metros de altura hecha con 25.150 azulejos de Viúva Lamego. Dos enormes candelabros construidos con varios miles de botellas de Château Lafite Rothschild. O una lámpara de araña elaborada con 14,000 tampones. “No selecciono materiales únicamente por sus cualidades estéticas o funcionales: su significado radica en cómo transmiten significado y contribuyen a la narrativa de mi trabajo. Cada material que elijo tiene su propio peso cultural, histórico o emocional, que luego exploro y transformo”, defiende la artista.
La idea de usar sartenes de acero inoxidable para dar forma a los zapatos de Marilyn en formato colosal era “coger un objeto domésticos común asociado con la cocina familiar para crear un símbolo de glamour y feminidad. Al reutilizar estos materiales cotidianos, elevé su importancia, destacando las contribuciones a menudo pasadas por alto de las amas de casa y el trabajo doméstico”.
Detrás de todo lo que hace la portuguesa hay un deseo de explorar –y muchas veces resignificar– las narrativas humanas. “Explorar temas de identidad, cultura y roles sociales”. Utiliza objetos corrientes y a minimizados, y los transforma en el medio para construir obras con potencia estética y profundidad conceptual. Su trabajo desafía los límites del medio y los constructos sociales, y lo hace interactuando con temas de interés colectivo como el rol de la mujer en la sociedad, la censura en el mundo contemporáneo o el arte como lenguaje universal.
Pero para ella, y siempre ha sido así en sus exposiciones, la obra es tan importante como el lugar donde se expone. Lo hizo en el Palacio de Versalles, en el Guggenheim de Bilbao, en el Palazzo Pitti y el desfile de otoño-invierno 2023/24 de Dior, para quien creó una estructura tentacular de 24 metros bordada a mano con 20 tipos de telas de la Maison que “exploraba la triple relación entre la escultura monumental, el cuerpo humano y la ropa habitada”.
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