
Como los grands crus más codiciados, hay perfumes que no solo se crean, se cultivan. Nacen de un suelo fértil, de una materia prima excepcional y de una elaboración casi litúrgica. Así ocurre con Les Récoltes Majeures, la nueva trilogía olfativa firmada por Francis Kurkdjian para Dior
Por Carmen Lanchares
Más que una colección al uso, se trata de la continuación de una historia que viene de lejos, la de la pasión por las flores que definió la vida y la obra de Christian Dior. ¿Y qué mejor forma que hacerlo a través de tres de sus flores predilectas? El muguet (o lirio del valle), la rosa y el jazmín son las protagonistas de esta primera cosecha de perfumes, imaginados para desplegar en cada gota la autenticidad de la flor viva. Cada uno de ellos germinando a su debido tiempo.

Para entender la magnitud simbólica de esta propuesta, hay que viajar hasta Montauroux, en el corazón de la Provenza, Allí, en el Château de La Colle Noire, adquirido por Dior en 1951 como refugio personal y fuente de inspiración, el diseñador encontró el terreno perfecto para dar forma a su jardín soñado. Rosales, muguets y jazmines, sembrados y dispuestos como un patrón de alta costura, crecían bajo su mirada atenta: supervisaba la floración, conversaba con los jardineros, y se sumergía en la belleza de la naturaleza que tanto amaba. Pero esa atracción por las flores le venía de mucho antes, de su infancia en Granville (Normandía), donde su madre cultivaba un jardín de inspiración inglesa. Allí nació su fascinación por las rosas y el orden geométrico de los parterres.
Una colección con alma botánica
Les Récoltes Majeures nace como una cita anual con la naturaleza, un ritual que se repite al compás de las estaciones. Esta primera edición reinterpreta tres flores que han acompañado el imaginario de Dior como un hilo invisible de belleza. Más que simples ingredientes o fuentes de inspiración, estas flores encarnan símbolos, recuerdos y emociones.
“Quise capturar en esta colección la delicada y efímera aura de tres de sus flores predilectas tal y como las encontraría floreciendo en el jardín de La Colle Noire” comenta Francis Kurkdjian, director de creación de perfumes de la maison. Y ese ha sido su reto, captar lo inasible, la esencia efímera de una flor viva. Para ello, el nariz ha recurrido a las técnicas más punteras de la perfumería moderna manteniendo el saber hacer ancestral de Grasse. “Los preciados absolutos presentes en estas fragancias proceden de las cosechas de nuestros floricultores, donde los cuidados expertos que reciben las hacen únicas. Su belleza es el resultado de numerosos detalles: desde los métodos precisos para recoger las flores y conservarlas antes de la extracción hasta la elección de sacos o cestas de recolección fabricados con tejidos específicos. Todo contribuye a lograr una quintaesencia floral excepcional. Una excelencia en cada etapa y un tiempo prolongado de elaboración que conducen a la máxima simplicidad: la sensación de una flor recién cortada», describe.

En esta colección, Dior se expresa en cada gota de perfume y en cada pétalo bordado que adorna los frascos-joya. Y lo hace con la misma emoción con la que el maestro cortaba una rosa al amanecer y la misma precisión con la que esbozaba una silueta.
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