Kokuho. El maestro del kabuki lleva el teatro clásico japonés al cine

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Cortesía de Filmin

La nueva película de Lee Sang-il, Kokuho. El maestro del kabuki fue presentada el 7 de agosto por Filmin dentro de la sección Arts del Atlántida Mallorca Film Fest. La película se estrenó en 2025 en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes, se convirtió en la película japonesa de imagen real más taquillera de la historia en Japón. También fue elegida para representar al país en los Premios Óscar, donde obtuvo una nominación a mejor maquillaje y peluquería. 

Basada en la novela de Shuichi Yoshida, la película nace de una idea que acompañó a Lee Sang-il durante quince años antes de poder llevarla a la pantalla. Lee Sang-il reconoce también la importancia de Ryo Yoshizawa, encargado de interpretar a Kikuo, cuyo trabajo permitió que el personaje cobrara vida y alcanzara una dimensión mucho mayor. 

A través de la amistad y rivalidad entre Kikuo y Shunsuke, la película se adentra en el mundo del kabuki, mostrando su belleza sobre el escenario, pero también la disciplina, las renuncias y las expectativas que permanecen detrás del telón. 

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Cortesía de Filmin

Kokuho. El maestro del kabuki recorre cinco décadas en la vida de dos intérpretes unidos por una misma aspiración: alcanzar la excelencia artística. La historia comienza en Nagasaki, en 1964, cuando Kikuo Tachibana, hijo de un integrante de la yakuza, es acogido por Hanjiro, un reconocido maestro del kabuki. 

Dentro de esta nueva familia, Kikuo crece junto a Shunsuke, hijo biológico de Hanjiro y heredero natural de su linaje teatral. A partir de ese momento, la vida de ambos comienza a girar alrededor del escenario. Comparten el aprendizaje, la amistad y el deseo de perfeccionar su arte, aunque no parten desde el mismo lugar. 

Shunsuke ha nacido dentro del mundo del kabuki y lleva consigo el peso de una tradición familiar. Kikuo, en cambio, procede de un entorno completamente ajeno y debe conquistar su lugar a través del talento, la disciplina y el sacrificio. La relación entre ambos encierra así la pregunta principal de la película: ¿qué determina la grandeza de un intérprete, la sangre o el talento.

El arte y la tradición del kabuki

El kabuki es una de las formas del teatro clásico japonés que combina interpretación, danza y música. Se caracteriza por sus movimientos codificados, los elaborados vestuarios, el maquillaje y una escenografía que acompaña la intensidad de cada relato. En este arte, incluso acciones sencillas como caminar, sentarse o mover las mangas de un kimono forman parte de un lenguaje que los actores aprenden a controlar sobre el escenario. 

Su tradición se encuentra profundamente vinculada a las familias de intérpretes, que transmiten sus conocimientos y nombres escénicos de una generación a otra. Los actores suelen comenzar su formación desde la infancia, creciendo al mismo tiempo que desarrollan su identidad artística. Heredar un nombre reconocido no solo permite continuar un legado, sino que también implica asumir las expectativas depositadas sobre quienes lo llevaron anteriormente.

Esta forma de transmisión permite comprender la diferencia entre Kikuo y Shunsuke. Mientras Shunsuke ha nacido dentro de una familia de maestros y es el heredero natural de su linaje, Kikuo llega desde un mundo completamente ajeno. Su lugar no se encuentra asegurado por la sangre, por lo que debe alcanzarlo a través del talento, la disciplina y el sacrificio.

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Cortesía de Filmin

Dentro del kabuki, Kikuo se forma como onnagata, un actor especializado en interpretar personajes femeninos. Esta transformación no consiste simplemente en imitar a una mujer, sino en construir una presencia femenina a través de la postura, la voz, la manera de caminar y los movimientos de las manos. El cuerpo se convierte así en un instrumento de trabajo, entrenado hasta conseguir que cada gesto parezca natural.

La belleza que aparece sobre el escenario es el resultado de años de repetición y compromiso. De este modo, la transformación de Kikuo no comienza al aplicar el maquillaje o colocarse el vestuario, sino durante un largo proceso en el que debe aprender a controlar cada movimiento y habitar por completo el personaje.

Aprender a habitar el escenario

Para acercarse a este lenguaje corporal del kabuki, Ryo Yoshizawa y Ryusei Yokohama se prepararon durante aproximadamente un año y medio antes del rodaje. Su formación comenzó con acciones aparentemente sencillas, como caminar, sentarse o permanecer de pie, movimientos que dentro de esta tradición responden a códigos precisos.

Aunque no podían reproducir la naturalidad de quienes practican este arte desde la infancia, el entrenamiento les permitió comprender la disciplina física de sus personajes y realizar las representaciones sin dobles ni efectos digitales. El proceso también refleja el viaje de Kikuo: al igua que el personaje, Yoshizawa tuvo que adentrarse en un lenguaje desconocido hasta comenzar a habitarlo.

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Cortesía de Filmin

Del escenario a la pantalla

Rodada durante más de tres meses en Kioto, la película combina la grandiosidad de las representaciones con los momentos íntimos que suceden detrás del escenario. Lee Sang-il no observa el kabuki únicamente desde el patio de butacas, sino que muestra los ensayos, el esfuerzo físico,  las relaciones familiares y las tensiones que permanecen ocultas mientras el espectáculo continúa. Como explica el director, «No quería enseñar el kabuki desde fuera, sino desde el punto de vista de quienes lo viven». 

La grabación en kansaiben, la variante lingüística de la región de Kansai, también sitúa la historia dentro de un contexto cultural concreto. El director se aproxima al kabuki con sensibilidad, acercando al espectador a un mundo definido por sus propios códigos, jerarquías y tradiciones, pero sin eliminar su complejidad.

A través de los silencios, las miradas y los momentos de vulnerabilidad de los personajes, Lee muestra el miedo, el legado y las expectativas que acompañan a quienes dedican su vida al escenario. La película no se limita a celebrar la belleza del kabuki, sino que también revela la oscuridad y el sacrificio que pueden surgir durante la búsqueda de la perfección.

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Cortesía de Filmin

Una entrada para las nuevas generaciones

El kabuki puede resultar lejano para quienes desconocen sus códigos. El precio de las entradas, la duración de las funciones o la dificultad de comprender una tradición tan compleja pueden crear cierta distancia con las generaciones más jóvenes, que quizá nunca hayan considerado entrar en uno de sus teatros.

Kokuho ofrece una primera puerta de acceso a este mundo. La película no intenta sustituir la experiencia teatral ni presentarse como una manera de salvar la tradición, sino despertar la curiosidad del espectador y permitirle comprender mejor todo aquello que existe detrás de una representación.

Para Lee Sang-il, una tradición no puede permanecer congelada en el tiempo, porque corre el riesgo de ser olvidada. Su continuidad depende de la transmisión de sus conocimientos, pero también de la capacidad de encontrar nuevas formas de mostrarlos. Al llevar el kabuki al cine, el director acerca este patrimonio a un público que puede descubrirlo por primera vez desde la pantalla.

Kokuho. El maestro del kabuki ofrece una mirada renovada hacia esta forma del teatro clásico japonés. A través de la vida de Kikuo y Shunsuke, Lee Sang-il muestra la disciplina que transforma el cuerpo, los conocimientos transmitidos entre generaciones y la tensión entre el talento individual y el peso de la herencia.

La película contempla tanto la belleza de las representaciones como la oscuridad y los sacrificios que acompañan la búsqueda de la excelencia. El cine abre así las puertas a un mundo complejo, permitiendo que nuevos espectadores se acerquen a una tradición que continúa evolucionando para permanecer viva.

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