La colección comienza con una línea. Una tensión inicial y suave, evocando una caricia sobre la piel, nace de ese gesto inicial: un diseño que busca su propósito antes que su esplendor, una forma que encuentra su identidad antes de brillar.
En esta colección de alta joyería, las líneas exploran la esencia del movimiento, alejándose de la piel, para volver a ella una vez más. Existe una presencia del caballo que busca pasar desapercibida, aunque la podemos observar en todas partes. Una emanación difusa, una energía contenida, un suave aliento que impregna el material.
Esta inspiración se refleja en la curva de un bocado de caballo alargado que deja al descubierto una esmeralda, en el impulso que envuelve un lazo de diamantes de talla baguette, en el rigor estructurado de un estribo o en la fuerza silenciosa de un clavo de herrero, que se encuentra engastado en pavé de diamantes y realzado con magníficas piedras. En su conjunto estos elementos construyen una narrativa fluida, llena de referencias y ritmos palpitantes. El objeto utilitario no se define sólo por su función principal sino que aparece en un universo donde los sentidos cobran protagonismo. La mecánica pasa a un segundo plano, el cierre desaparece y los sistemas se convierten en gestos. Las formas se amoldan al contorno del cuerpo, flexibles, arquitectónicas y armoniosas, dando lugar a piezas artesanas.
«INTO THE HORSESCAPE (Hacia el paisaje ecuestre) es una colección metonímica. El caballo en sí apenas se ve, pero su simbolismo está presente en cada pieza, llegando incluso, en ocasiones, a adquirir un carácter metafórico». Pierre Hardy, director creativo de joyería de Hermès.
La inspiración para crear esta colección viene de mundos «Tanto geográficamente como cronológicamente. El caballo siempre ha sido uno de los animales más grandiosos e inspiradores de la mitología. Piensa en los caballos de Marte y Neptuno, en el carro de Hércules… Las leyendas que abarcan desde las amazonas de Asia Menor hasta las Grandes Llanuras. No quería elegir entre estas influencias. Coexisten en un mismo espacio porque cada una de ellas encarna una sensación de libertad». Pierre Hardy, director creativo de joyería de Hermès.
En un primer momento, las formas son arriesgadas y poco a poco se vuelven más refinadas, revelando piedras de dimensiones excepcionales. Las Joyas empiezan a cobrar vida. Rodean y luego liberan. Del mismo modo que un caballo, que sostiene y transporta. Los colores a su vez susurran, negros profundos del jade o de la piedra tahitiana recuerdan al brillo de los cascos de los caballos. Las armonías sensuales del oro rosa y el diamante marrón evocan la calidez del pelaje del animal. Así como el oro blanco y el oro rosa, íntegramente engastados en pavé, trascienden el contraste y se convierten en luces que se llevan como una presencia.
Las noventa piezas de esta colección trazan un reino sensorial. Un paisaje interior entrelazado entre mitos y leyendas, gestos heredados a lo largo del tiempo y visiones contemporáneas. Es un viaje hacia horizontes abiertos, donde cada gema marca un ritmo y crea instantes en los que el tiempo se detiene. A través de esta interpretación del caballo, la belleza captura esencias, modelando cada creación con un gesto preciso y pausado antes de fundirse con el movimiento del cuerpo, mientras que los materiales revelan toda su expresividad… Y la joyería se hace tangible.


