Por Pilar Gómez Rodríguez
“Pintaré lo que yo veo, lo que la flor es para mí, pero la pintaré grande…”
Quería pintar, pero también quería enseñarnos a mirar. La figura de artista de Georgia O’Keeffe tiene un pasado de profesora y quizá de ahí viene esa intención pedagógica. O quizá no había intención alguna y solo fuera un juego, una especie de veo-veo, como cuando explica con una cita que recupera en esta entrevista Yaritza Martinez Pule, del equipo curatorial del Museo Georgia O’Keeffe (Santa Fe-Abiquiú, Nuevo México, Estados Unidos), lo que quería representar y el truco: “la pintaré grande…”. Era su manera de asegurar la atención, de alinear la mirada
ya habituada con la suya, que era radicalmente nueva, que era cercana hasta perder la forma y ganar la abstracción, que era la mirada de la artista y la pionera que fue y que sigue siend
Algunas artistas se agotan con el paso del tiempo y otras, al contrario, parecen cabalgar bien con el presente o ir por delante de él. Georgia O’Keeffe es de las segundas. ¿Por qué encuentra ella tal acomodo, aceptación y éxito en la actualidad?
Aunque la respuesta a esta pregunta es una combinación de distintas causas, algunas de las razones de la recepción mundial y el éxito generalizado de O’Keeffe se deben en gran parte a los contextos social, artístico e histórico en los que se involucró como artista femenina en un medio dominado por los hombres; a su contribución al arte moderno a través de representaciones abstractas del suroeste americano y de la naturaleza; y al prestigio y mitología con los que estuvo o está estrechamente vinculada, en particular su estética de vanguardia y su vida personal.
PULSA AQUÍ para acceder al artículo completo…


