El artista madrileño presenta 'La perla peregrina', en la que Sánchez Castillo a través de diferentes piezas metaforiza distintas formas en las que el poder se representa. La muestra se podrá ver en el Palacio de Velázquez del parque del Retiro, hasta el 8 de marzo de 2027.
Según Fernando Sánchez Castillo, nacido en Madrid hace 56 años, «el arte es una fuerza que hace temblar las narraciones del Estado». Partiendo de esta idea, interviene en las distintas formas en las que el poder se representa, desmontando sus símbolos y revelando la fragilidad de los relatos que lo sostienen. Por ejemplo, Castillo centra la escultura en un carácter construido y cuestionado y cuando analiza monumentos, imágenes y leyendas se alcanza un conflicto permamente. De alguna forma la exposición invita al público a reflexionar, cuestionando las razones del orden público y las contradicciones que pueden desencadenarse.
El madrileño trabaja con materiales que modifica para convertirlos en nuevas capas de significado, una escultura puede convertirse en un columpio o unos robos pasan a ser herramientas. Con esta serie de alteraciones, las piezas logran cuestionar las múltiples formas de autoridad y obediencia presentes en la sociedad.
La exposición La Perla Peregrina toma su título de la célebre joya cuya historia condensa una estrecha relación entre singularidad, valor y autoridad. La Perla Peregrina fue hallada en Panamá en el siglo XVI. Algunas leyendas cuentan que el esclavo que la encuentra, compra con ella la libertad de su pareja y muere a causa del esfuerzo realizado. Su gran tamaño y su forma irregular, rara y excepcional, dan origen a su nombre. Poco después, llega a la corte de Felipe II y, desde entonces, permanece ligada a los círculos del poder, casi como un símbolo de la autoridad dinástica. Velázquez y su taller la representan en el sombrero de Felipe III y en la cintura de Isabel de Borbón, a veces junto al Estanque, un diamante de excepcional belleza. Tras casi tres siglos custodiada en la corte de Madrid, José Bonaparte la saca de España, iniciando un periplo tan convulso como la propia historia contemporánea. Pasa de mano en mano y se pierde su rastro hasta que, en 1969, Richard Burton adquiere en una subasta una perla considerada la Peregrina para regalársela a Elizabeth Taylor. Después de una nueva subasta en 2011, vuelve a desaparecer.
Como ocurre con la formación de una perla, el organismo responde a una agresión cubriéndola con sucesivas capas de nácar, hasta convertir una herida en un objeto único. Del mismo modo, la historia se construye sobre acontecimientos traumáticos que, con el paso del tiempo, quedan envueltos por relatos, símbolos e imágenes que permiten convivir con ellos sin enfrentarlos de manera directa. El arte, como sucede en la obra de Sánchez Castillo y en la propia perla, no hace desaparecer el trauma ni lo integra por completo en la tradición; más bien lo preserva, lo transforma y lo presenta bajo una forma nueva, singular e inesperada.


