El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta la exposición Terrafilia, comisariada por Daniela Zyman y organizada junto a la fundación TBA21, en la que se invita al público a repensar, desde el arte, la relación entre la humanidad y el planeta en el contexto de la crisis ecológica.

La muestra «Terrafilia: más allá de lo humano en las colecciones Thyssen-Bornemisza» reúne obras históricas y contemporáneas para repensar la relación entre humanidad y planeta desde una perspectiva afectiva, ética y transformadora. Así, invita al público a imaginar nuevas formas de habitar la Tierra desde el arte, el pensamiento ecológico y las cosmologías no antropocéntricas.
Y es que en el núcleo de la exposición se encuentra el concepto de “terrafilia”, como su título lo indica. Combina las palabras terra (tierra) y philia (amor), para proponer una forma de amor político hacia el planeta: no posesivo ni romántico, sino basado en el cuidado, la reciprocidad y la responsabilidad compartida. Esta idea se inspira en autores como el filósofo martiniqueño Malcolm Ferdinand, quien concibe la Tierra como una “nave-mundo” compartida por múltiples especies, memorias y culturas. Desde esta perspectiva, Terrafilia propone repensar la coexistencia como una práctica ética, más allá de la separación moderna entre cultura y naturaleza, razón y mito, sujeto y entorno.

En términos generales, la exposición se articula como una constelación de casi un centenar de obras que abarcan cinco siglos de historia del arte, desde maestros flamencos como Jan Brueghel el Viejo, pasando incluso por Salvador Dalí y Max Ernst, hasta creadores contemporáneos como Olafur Eliasson, Regina de Miguel, Diana Policarpo, Susanne M. Winterling o el colectivo Dr. Lakra.





La propuesta de Terrafilia no responde a una lógica cronológica, ni a una clasificación por estilos o escuelas, sino a una serie de ejes temáticos que exploran modos diversos de habitar y representar el planeta. Cada uno de ellos explora escenarios posibles para reconstruir nuestra relación con el mundo natural: desde el pensamiento indígena y la espiritualidad oceánica hasta la crítica al colonialismo, la explotación de recursos y el racionalismo científico.

En ese sentido, la exposición se despliega entonces en un recorrido multisensorial dividido en siete capítulos que funcionan como escenarios especulativos: La Tierra animada, El arte de los sueños, El mundo objetivo, La Tierra herida, El retorno del tiempo mítico, Cosmogonías oceánicas y un prólogo dedicado a los cosmogramas. A través de estos espacios, el visitante se encuentra con obras que problematizan la explotación extractiva de los recursos, la violencia colonial sobre los territorios, la memoria de los cuerpos racializados y el potencial transformador de los mitos y los sueños.
Para Francesca Thyssen-Bornemisza, fundadora y presidenta de TBA21, la exposición es también un acto pedagógico: “Nos invita a comprometernos con el arte no solo como placer estético o herencia cultural, sino como una fuerza activa para imaginar y construir futuros más justos”, afirma al respecto.
Y es que la muestra no solo reúne piezas de la colección permanente del museo, sino también obras de la Colección Carmen Thyssen y de la Colección TBA21, conformando así un relato intergeneracional sobre los modos de coleccionar, conservar y narrar el arte. Además, es la primera vez que estos tres fondos se presentan en un único relato curatorial, lo que añade una capa de complejidad institucional al proyecto.


En cuanto al diseño espacial, a cargo de la arquitecta Marina Otero Verzier, se aleja de la disposición museográfica clásica y favorece una lectura fluida y no lineal, donde los sentidos y los afectos juegan un papel central. En algunas secciones, incluso el olfato es usado para la experiencia, como en la instalación WhereareWEarewhere, de la artista Sissel Tolaas, que ofrece un viaje olfativo a través de los aromas del planeta.
Terrafilia funciona entonces como un ensayo visual y filosófico que desafía el marco antropocéntrico del museo y convoca al arte como herramienta crítica, pedagógica y reparadora. Las obras reunidas interrogan formas de violencia histórica —colonial, extractiva, epistemológica— a la vez que abren posibilidades para imaginar futuros sostenibles, plurales e interdependientes.
En tiempos marcados por la emergencia climática, el deterioro ecológico y el agotamiento de los relatos dominantes sobre el progreso, Terrafilia se presenta como una propuesta relevante que sigue abriendo preguntas urgentes: ¿cómo reconstruir vínculos con la Tierra desde el cuidado y no desde el control?, ¿qué papel puede jugar el arte en este necesario proceso de reparación y en la transformación de nuestras formas de mirar, sentir y actuar?, ¿cómo habitamos un mundo fracturado por la crisis climática? y sobre todo, ¿es posible imaginar un futuro donde humanos, animales, plantas, minerales y fuerzas espirituales coexistan armónicamente?


