Ewa Juszkiewicz

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Portrait in Venetian Red (after Élisabeth Vigée Le Brun), 2024 Óleo sobre lienzo, 190x140 cm. Colección privada. © Ewa Juszkiewicz

La exposición puede verse en el Thyssen hasta el próximo 6 de septiembre como parte del programa dedicado a la colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza.

En esta muestra que reúne una veintena de pinturas, Juskiewicz recorre el retrato moderno europeo, emulando motivos visuales de la pintura clásica europea y aborda de forma crítica las representaciones canónicas de la belleza femenina. La artista polaca combina una técnica refinada con gestos subversivos y de alguna forma la pintora rompe con los convencionalismos del retrato tradicional, a través de rostros ocultos en arreglos de las telas, peinados o vegetación. De esta manera, esta serie de imágenes históricas consiguen hacerse pasar por contemporáneas. 

                                        

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Untitled (after Élisabeth Vigée Le Brun), 2021 Óleo sobre lienzo, 160 x 120 cm. Colección de Glori Cohen. ©Ewa Juszkiewicz

Juskiewicz abre un debate sobre los ideales de belleza femenina establecidos durante siglos, que respondían a normativas de decoro y restricción social. Concretamente la relación de los conceptos de belleza y contención, son los que definen a la obra de la pintora polaca. El hecho de mostrar mujeres con el rostro oculto, consigue el efecto de que la atención se desplace hacia otros elementos como las telas, las flores, las frutas, que tradicionalmente han sido patrimonio de las pinturas de bodegón. 

De tal forma, Juszkiewicz subraya cómo las figuras femeninas fueron concebidas como sujetos estéticos dentro del retrato histórico, al tiempo que otorga nuevos significados a esos objetos decorativos. A través de estas intervenciones, las figuras de sus pinturas escapan de interpretaciones fijas y abren cada imagen a múltiples lecturas.

 

Asimismo, la estrategia pictórica de Juszkiewicz pone en cuestión la función histórica del retrato como instrumento de representación y construcción de identidades. Tradicionalmente, el retrato occidental ha servido para fijar la imagen de un individuo, otorgándole reconocimiento social y perpetuando determinados valores culturales. Sin embargo, al ocultar los rostros de sus modelos, la artista niega al espectador la posibilidad de acceder a la identidad de las figuras representadas. Esta ausencia genera una sensación de extrañamiento que rompe con las expectativas asociadas al género del retrato y obliga a reconsiderar los mecanismos mediante los cuales se construye la imagen femenina en la historia del arte.

La ocultación del rostro no implica una desaparición de la figura, sino una transformación de su significado. Los elementos que cubren las facciones adquieren un protagonismo inusitado y funcionan como símbolos cargados de ambigüedad. Flores exuberantes, telas ornamentadas o composiciones vegetales invaden el espacio que tradicionalmente ocupaba la expresión individual, convirtiéndose en metáforas de los roles y atributos que históricamente han sido asignados a las mujeres. De este modo, la artista evidencia cómo la identidad femenina ha sido frecuentemente reducida a una serie de cualidades decorativas o ideales estéticos impuestos por la mirada social.

 

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In a Shady Valley, Near a Running Water (after François Gérard), 2023 Óleo sobre lienzo, 270 x 160 cm. FAMM (Femmes Artistes Musée Mougins), The Levett Collection. © Ewa Juszkiewicz

Por otra parte, la apropiación de modelos procedentes de la pintura europea de los siglos XVI al XIX establece un diálogo directo con la tradición artística. Juszkiewicz no pretende reproducir fielmente estas imágenes, sino reinterpretarlas desde una perspectiva contemporánea. Su trabajo se inscribe dentro de una práctica crítica que revisa los relatos dominantes de la historia del arte y cuestiona la aparente neutralidad de las representaciones heredadas. Al intervenir sobre composiciones reconocibles, la artista revela las estructuras de poder y los códigos visuales que han condicionado la representación de las mujeres a lo largo de los siglos.

La tensión entre pasado y presente constituye uno de los aspectos más relevantes de su obra. Aunque las pinturas evocan la estética de los grandes maestros europeos, las alteraciones introducidas por la artista generan una lectura actual que conecta con debates contemporáneos sobre identidad, género y representación. En este sentido, sus obras no solo revisan críticamente el legado artístico occidental, sino que también invitan al espectador a reflexionar sobre la persistencia de determinados estereotipos en la cultura visual actual. Así, la pintura se convierte en una herramienta capaz de cuestionar narrativas establecidas y de proponer nuevas formas de interpretar la imagen femenina más allá de los límites impuestos por la tradición.

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