Un espacio debe ser funcional. Pero una estatua también tiene una función. “Está ahí para añadir color, para causar impacto”, dice Sig Bergamin. El interiorista brasileño ha hecho del maximalismo su idiosincrasia. Un axioma que recorre las 300 páginas de su nuevo libro.
Laura García del Río

Eclectic, tercer trabajo de Sig Bergamin con Assouline, lleva la celebración de la buena vida a un estadio de increíble generosidad creativa. El diseñador afincado en Sao Paulo es un icono internacional; más allá de las fronteras de su país natal, más allá de las etiquetas y los estereotipos. Su estilo, a caballo entre el calor, el color y la sensualidad de Brasil y el equilibrio visual de Europa conquista, convence y revoluciona las reglas. En palabras de Bergamin: “Imperdonables el mal gusto y la ostentación. De lo contrario todo puede ser, todo vale la pena, todo debe hacerse”. Un manifiesto de intenciones y acciones que queda muy claro en este nuevo
volumen que, con tapa forrada de seda y más de tres centenares de imágenes, presenta espacios nunca antes vistos. Entre ellos la propia casa de Bergamin.
Con prólogo del diseñador y empresario Ralph Pucci, texto de James Reginato –escritor independiente de Vanity Fair y autor de joyitas como Great Houses, Modern Aristocrats y Sig Bergamin: Maximalist–, páginas tras páginas, y son 304, muestra lo que el diseño de interiores puede hacer con formas, colores y talento interpretativo para que una casa se convierta en una obra de arte, en una celebración, en la concreción de los sueños y deseos de sus ocupantes.

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