Me hubiese gustado titular este artículo ¡Ya era hora! Pero, por muy optimista que fuese, que no lo soy, estaría injustamente exagerando. Digo injustamente porque, después de todo, esto se trata de justicia, que con retraso y menoscabada va llegando, pero sí, de justicia se trata.
Por: Bernardo Laniado-Romero
Como historiador del arte de una cierta edad, o como hace poco nos definía Rossy de Palma como “el teenager de la ancianidad”, he vivido suficientes trasiegos como para haber sido testigo de cambios, algunos de trampantojo y otros de base y esencia. Hablo del momento histórico en el que vivimos, de revisiones y recuperaciones. El cambio del paradigma excluyente en los museos y otras instituciones del mundo del arte hacia las mujeres comienza a dejarse entrever entre postureo y trabajos estructurales dentro de las diversas comunidades que conforman el mundo del arte y la cultura en general.
El próximo 5 de marzo se estrena la XLIII edición de ARCO en Madrid. Una cita ineludible en el calendario cultural, por lo que aprovecho esta tribuna y este número que aparece la semana de la feria para comentar sobre la obra de una que otra artista, de aquí y de allá, viva o muerta. Señoras que, por serlo, muchas veces, por no decir siempre, han batallado contra viento y marea, pero, sin embargo, siguen haciendo lo suyo, que no es poco y en ellas, por lo general, es mucho, y en estos casos, bueno.
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