
Cuando la 61ª Exposición Internacional de Arte de La Biennale di Venezia abra sus puertas el próximo 9 de mayo, Polonia llevará a los Giardini una de las propuestas más conceptualmente arriesgadas de esta edición. Liquid Tongues, seleccionada entre 95 proyectos mediante concurso público y aprobada por el ministerio de Cultura polaco, es una instalación audiovisual que no trata sobre el arte como objeto, sino sobre algo más esquivo, los límites del lenguaje y quién, o qué, tiene derecho a ser escuchado.
La obra es el resultado de la colaboración entre la artista visual y dramaturga Bogna Burska y el artista y performer Daniel Kotowski, quien es sordo, y cuya propia experiencia es el motor principal del proyecto. Comisariada por Ewa Chomicka y Jolanta Woszczenko, y producida por la Zacheta. Galería Nacional de Arte, Liquid Tongues opera desde un marco teórico preciso, el concepto de Deaf Grain, una perspectiva académica que propone entender la sordera no como una carencia, sino como una cultura distinta con formas propias de percibir y expresar el mundo.

Bajo el agua, todo cambia.
El corazón de la instalación es el Chór w Ruchu (Chor in Motion), un colectivo de performers oyentes y sordos que interpretan códigos de comunicación y canciones de ballenas utilizando tanto el inglés hablado como la Lengua de Signos Internacional. La elección del entorno no es casual, una parte significativa del material fue filmado bajo el agua, un espacio donde los roles se invierten completamente. Allí, la lengua oral se distorsiona y pierde coherencia, mientras que la lengua de signos fluye con total claridad. El umbral entre el aire y el agua se convierte en una metáfora activa, un territorio de negociación entre cuerpos, lenguajes y formas de percibir.
La experiencia sensorial se articula en tres dimensiones, la imagen fotografiada por Magda Mosiewicz y Bruska, el sonido compuesto por Aleksandra Gryka a partir de ondas acústicas que replican las vocalizaciones y la ecolocalización de las ballenas francas, y la experiencia física que esas ondas generan en el cuerpo del espectador. La coreografía del coro, dirigida por Alicja Czyczel, se inspira en el movimiento de los bancos de peces, una comunicación construida desde la resonancia colectiva, no desde el discurso uniforme.

Un paralelismo que va más allá de lo humano.
Liquid Tongues no se detiene en la cultura sorda; amplía su mirada hacia lo que los académicos llaman comunicación “more than human”. Un punto de referencia clave es la grabación Songs of the Humpback Whale de Roger Payne (1970), cuya difusión contribuyó directamente a la aprobación de la prohibición internacional de la caza de ballenas. El proyecto traza un paralelo entre el redescubrimiento de los dialectos vallenatos como narrativas marginadas. En ambos casos, se trata de lo mismo, reconocer que la comunicación no es un privilegio exclusivo de quienes hablan el idioma dominante.
Este planteamiento sintoniza perfectamente con el eje curatorial de la Bienal 2026, In Minor Keys, propuesto por Koyo Kouoh, una invitación a afinar el oído hacia las frecuencias más sutiles, a las voces que el ruido de lo contemporáneo tiende a silenciar.

Polonia lleva presentando proyectos en la Bienal desde 1932, la Zachęta lleva siete décadas gestionando su participación con una vocación marcadamente experimental. Liquid Tongues continúa esa trayectoria al plantear preguntas que van más allá del arte, ¿qué formas de comunicación estamos dejando extinguirse? ¿Qué se pierde cuando solo reconocemos un tipo de lenguaje como válido?
Hay algo profundamente político en elegir el silencio, o más bien, lo que la cultura dominante llama silencio, como punto de partida. Liquid Tones no propone respuestas fáciles ni gestos inclusivos de superficie. Lo que hace es más incómodo y más honesto, obliga al espectador a enfrentarse a sus propios límites perceptivos, a darse cuenta de que lo que siempre ha entendido como “comunicación” es, en realidad, solo una de sus muchas formas posibles.
Este proyecto llega a Venecia para recordar que escuchar de verdad requiere algo más que oídos. Requiere disposición para abandonar el centro y situarse, aunque sea por un momento, en los márgenes donde el lenguaje muta, se adapta y sobrevive. La exposición podrá visitarse en el Pabellón Polaco en los Giardini della Biennale, del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2026.


