Edward Burtynsky llega al Centro Niemeyer con «Agua», una mirada sin filtros al recurso más frágil del planeta

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©Edward Burtynsky

Existen fotografías que incomodan precisamente por su belleza. El trabajo de Edward Burtynsky, el fotógrafo canadiense que desde hace décadas se dedica a documentar las huellas que la actividad humana deja sobre el planeta. Este verano, el Centro Niemeyer de Avilés acoge su exposición «Agua», una muestra que permanecerá abierta del 29 de mayo al 13 de septiembre y que reúne una selección de imágenes de gran formato capaces de generar, en igual medida, fascinación y desasosiego.

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Comisariada por Enrica Viganò, «Agua» no es una exposición de denuncia al uso. Burtynsky no señala con el dedo ni lanza consignas. Su método es otro. presentar la realidad tal y como es, en toda su escala y con toda su carga visual, y dejar que quien mira saque sus propias conclusiones. El resultado son imágenes que oscilan entre la pintura abstracta y el documento fotográfico, entre la belleza formal y la perturbación moral.

Para construir esta serie, Burtynsky recorrió los cinco continentes durante varios años, valiéndose de helicópteros, aviones ligeros y drones para capturar perspectivas aéreas que difícilmente se podrían lograr desde tierra. Esa distancia física con el sujeto no implica distancia emocional; al contrario, es precisamente desde las alturas donde la escala del impacto humano sobre el agua se vuelve verdaderamente comprensible. Los sistemas de riego en Texas trazando círculos perfectos sobre el desierto, el delta del río Colorado casi completamente seco en su desembocadura en México, las balsas de residuos de fósforo en Florida reflejando un azul eléctrico inquietante, todo ello es parte de un mismo relato sobre el agua como recurso sometido, redirigido, consumido y, en muchos casos, agotado.

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©Edward Burtynsky

La serie está estructurada en seis capítulos, Fuente, Frente de agua, Acuicultura, Agricultura, Control y Aguas en crisis. Cada bloque aborda una dimensión distinta de la relación entre el ser humano y el agua, desde sus orígenes más pristinos en los glaciares de Islandia y British Columbia, hasta los escenarios de sobreexplotación industrial que caracterizan buena parte del mundo contemporáneo. El agua aparece en estas imágenes como víctima, compañera, protagonista, amenaza y placer. Y en muchas fotografías, está completamente ausente. Burtynsky se enfoca en los efectos visuales y físicos de su falta, dándole a esa ausencia una presencia aún más poderosa. 

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©Edward Burtynsky

Su obra forma parte de las colecciones permanentes de más de cincuenta museos en todo el mundo, entre ellos el MoMA y el Guggenheim de Nueva York, la Tate Modern de Londres y el Museo Reina Sofía de Madrid. 2005 recibió el premio TED, y en 2006 fue nombrado Oficial de la Orden de Canadá, el mayor reconocimiento civil del país. Su trabajo también ha sido objeto de documentales de referencia como Manufactured Landscapesy Watermark, este último co-dirigido junto a Jennifer Baichwal y Nick de Pencier, que sigue al fotógrafo durante el proceso de creación de esta misma serie.

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©Edward Burtynsky

Lo que hace que ‘Agua’ sea especialmente relevante en el contexto actual es precisamente esa tensión que Burtynsky lleva años explorando, la paradoja de encontrar hermoso aquello que es, en esencia, una señal de alarma. Sus imágenes producen atracción y repulsión a la vez, seducción y miedo. No hay trampa en eso; es una decisión consciente. Si las fotos fueran feas, nadie las miraría el tiempo suficiente para entender lo que muestran.

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La exposición en el Centro Niemeyer se enmarca además dentro de la primera edición de la Bienal Climática, arte, industria y territorio, que convertirá Avilés en un espacio de reflexión sobre los retos ecológicos y sociales del presente entre el 12 de junio y el 20 de septiembre.

Una iniciativa impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, junto con el Ministerio de Cultura, el Principado de Asturias y el Ayuntamiento de Avilés, entre otras instituciones. En ese marco, ‘Agua’ no podría encajar mejor, es una obra que no necesita explicaciones adicionales para resultar urgente.

Burtynsky ha dicho que lo que le interesa no es juzgar, sino documentar. Pero sus imágenes difícilmente dejan al espectador en un lugar cómodo. Y quizás esa sea, precisamente, su mayor virtud.


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