Hay obras que no se miran, sino que se escuchan. Ese quizás el efecto más inmediato de Compasso, la escultura de la artista portuguesa Dalila Gonçalves que este año se alzó con el IX Premio de Arte Catalina D’Anglade en el marco de ARCOMadrid 2026. Una pieza construida a partir de las teclas de un antiguo piano recuperado de un taller de restauración tradicional, que en manos de Gonçalves deja de ser reliquia para convertirse en algo mucho más vivo, una forma que habla de expansión, del movimiento, de la tensión permanente entre lo que fue y lo que todavía puede ser.

El galardón, impulsado desde 2027 por la diseñadora madrileña Catalina D’Anglade como un proyecto de apoyo a la creación contemporánea dentro de la feria, se entregó el pasado 4 de marzo con la presencia de Maribel Lopez, directora de ARCO Madrid. La iniciativa funciona en dos tiempos, primero, la adquisición de la pieza premiada; después, el desarrollo conjunto de una nueva obra que fusiona arte y diseño. El proyecto que Gonçalves creará junto a D’Anglade se presentará en 2027.
Nacida en Castelo de Paiva en 1982, Gonçalves se licenció en Artes Plásticas con especialidad en Pintura por la Universidad de Oporto, ciudad donde sigue viviendo y trabajando. Su trayectoria la ha llevado a exponer en instituciones y ferias como Arco Lisboa, Zona MACO, Vienna Art Fair o Untitled Miami, además de presentar su obra en galerías de Lisboa, São Paulo, Ciudad de México, Londres, Madrid y Montevideo, entre otras. A lo largo de ese recorrido ha ido construyendo un lenguaje propio en el que la memoria del material lo es todo, sus esculturas no esconden de dónde vienen, sino que hacen de ese origen su razón de ser.
Compasso es un ejemplo preciso de esa forma de entender la escultura. El título, elegido con deliberada ambigüedad, condensa dos lecturas que coexisten en la pieza, el compás como herramienta de dibujo, que estructura y mide el espacio, y el compás musical, que organiza el tiempo y sostiene el ritmo. Gonçalves trabaja sobre esa doble naturaleza de la palabra para articular una obra que es, al mismo tiempo, arquitectura visual y partitura silenciosa.

Para Catalina D’Anglade, que lleva casi una década seleccionando a los artistas más relevantes del panorama español e internacional dentro de la feria, la obra de Gonçalves reúne algo difícil de definir pero fácil de sentir, sensibilidad, frescura, una atención al detalle que convierte cada elemento en intención. Las ediciones anteriores del premio reunieron a nombres como Luis Gordillo, June Crespo, Ester Partegàs o Susana Solano, cuya segunda fase se materializó en una mesa- escultura de madera y metal con alas desplegables. Una genealogía que, edición tras edición, sigue ampliando los límites de lo que el arte puede hacer cuando dialoga con el diseño.
Con Compasso, Dalila Gonçalves no solo gana un premio. Abre una conversación que, por su propia naturaleza, aún no ha terminado.


