Una obra monumental que nunca había salido de Sudáfrica se planta cara a cara con el lienza más emblemático del siglo XIX. El Museo Reina Sofía inaugura con esta cita un ciclo de exposiciones tan necesario como audaz.

De un lado, el Guernica (1937) de Pablo Picasso, pintura-símbolo del horror de la guerra y del bombardeo sobre la población civil, obra cumbre del siglo XX y piedra angular de la colección del museo. Del otro lado, African Guernica de Dumile Feni, un dibujo monumental a carboncillo y lápiz sobre papel de 218 por 226 centímetros que por primera vez en su historia abandonó Sudáfrica para este encuentro.

Para entender lo que ocurre en esa sala hay que conocer primero a Zwelidumile Geelboi Magxaji Mhlaba “Dumile” Feni. Nacido en Worcester, en la provincia del Cabo Occidental sudáfrica, en 1942 y falleció en Nueva York en 1991, Feni era conocido como el “Goya de los townships”. Autodidacta, sin formación académica formal, creció en un país donde la segregación racial no solo limitaba los derechos, sino también la identidad de las personas. El apartheid marcó cada centímetro de su vida y como no podía ser de otra manera, también cada traza de su obra.
Feni estuvo encarcelado por mantener relaciones con personas de otra etnia, tuvo que exiliarse a Londres y más tarde, en los años setenta, a Nueva York. Nunca pudo regresar a Sudáfrica. Su vida fue una sucesión de represión, privación y destierro, y eso se nota en sus dibujos. Sus obras son sobrecogedoras: tensas, heridas, espectrales. Denuncia el dolor histórico en las muecas y las escenas degradantes a las que somete a sus personajes.

Lo que resulta especialmente notable de Feni es su elección de materiales y escala. La comisaría de la exposición, Tamar Garb, catedrática de Historia del Arte en el University College London, lo ha definido con precisión: «Dumile es un artista que utiliza materiales de dibujo a una escala casi inaudita a nivel mundial en aquel momento». En los años sesenta, hacer un dibujo de más de dos metros con carboncillo y lápiz sobre papel era una apuesta enormemente arriesgada, tanto técnica como conceptualmente. Su primera exposicion individual tuvo lugar en 1967 en un espacio de arte moderno en Johannesburgo que, pese a la segregacion, acogida el trabajo de creadores negros. Fue en ese contexto donde African Guernica vio la luz.
Hay un detalle que conviene aclarar para entender bien la propuesta del Reina Sofia: el título African Guernica probablemente no lo puso el propio Feni, sino alguna galería, aunque el artista lo aceptó y expuso su obra bajo esa denominación. Esta matización importa, porque la comisaría Tamar Garb insiste en que la exposición no pretende presentar a Feni como un simple diálogo, no se trata de un estudio de la influencia de Picasso de Dumile.

Lo que sí existe, y es fascinante, es una conversación de ida y vuelta entre dos tradiciones artísticas que se han influido mutuamente de maneras que el relato canónico del arte occidental suele silenciar. “Picasso bebió del arte africano y el Guernica no existiría sin la cultura africana que conoció y colecciono”, señala la comisaria. Y al mismo tiempo, “Dumile reconoce la deuda de Picasso con África al dialogar con su lenguaje e imaginería”. el espejo, funciona en los dos sentidos.
Las similitudes formales entre ambas obras son evidentes, pero no por ello menos impactantes. El African Guernica recurre a la simplificación y distorsión expresiva de las figuras, al tono monocromático y la iluminación romántica, a la abstracción y dislocación del espacio, e incluso a las conjunciones entre animales y seres humanos. Son recursos compartidos, pero aplicados desde contextos y urgencias completamente distintas.
El director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade, ha situado esta exposición en unas coordenadas históricas muy precisas: el African Guernica «representa un momento trascendental de la crisis de la modernidad, el momento del apartheid en Sudáfrica, que es uno de los límites del proyecto moderno». Es una lectura exigente, pero justa.
La comisaria Tamar Garb ha planteado que este montaje establece un contraste entre la violencia derivada de la guerra y la violencia profunda del apartheid, retratada por Dumile Feni. No son el mismo dolor, pero se entienden. Comparten la misma urgencia de nombrar lo que no debería existir.
Entre las obras que acompañan al African Guernica en la muestra destaca un dibujo que retrata a Hector Pieterson, un niño asesinado a los doce años durante la represión policial de las protestas estudiantiles en Soweto, cuando el gobierno sudafricano impuso el afrikáans como lengua obligatoria en las escuelas. La imagen de ese niño, convertida en uno de los iconos más devastadores de la lucha contra el apartheid, adquiere en el contexto de esta exposición una dimensión adicional: la del arte como memoria y resistencia.

Garb ha enfatizado que el trabajo de Feni escapa al uso del arte como simple herramienta política o eslogan, rechazando la instrumentalización propagandística de la creación artística. Y tiene razón. Sus dibujos no son panfletos, son algo más difícil de definir y más duradero: son testimonio.
Junto al gran dibujo de Feni, el Reina Sofía ha reunido otras cinco obras del artista procedentes de importantes instituciones sudafricanas además de colecciones privadas. A estas se suman cuatro dibujos preparatorios que Picasso realizó para el Guernica, pertenecientes a las colecciones propias del museo. Es una muestra contenida en número pero densa en significado.
El diseño de la sala se inspira en la idea de un cubo blanco, evocando el espacio donde Feni expuso su obra por primera vez en Johannesburgo, y enfatizando la correspondencia entre los espacios de creación modernos y la relevancia del intercambio global. Hay también un detalle casi poético en la instalación: el reflejo del Guernica español en el cristal protector de la pieza sudafricana contribuye a crear una atmósfera de interacción visual e histórica. Las obras se mezclan en la superficie del vidrio, como si no pudieran evitarlo.

Esta muestra no es un acontecimiento aislado, sino el arranque de un programa más amplio. Bajo el título La historia no se repite, pero rima, el Reina Sofía propone un ciclo de intervenciones en su colección permanente que irá yuxtaponiendo el Guernica de Picasso con otras obras significativas de diferentes tiempos y contextos geopolíticos. Cada entrega contará con el marco interpretativo de un trabajo académico de historia del arte, lo que le da al ciclo un rigor poco habitual en el circuito expositivo.

La inauguración vino acompañada de una programación paralela especialmente ambiciosa. El 24 de marzo tuvo lugar el estreno mundial de Inkomo iwile, una composición de nueve canciones creada por los artistas sudafricanos Philip Miller y Tshegofatso Moeng que busca establecer un diálogo entre los sonidos tradicionales sudafricanos y el repertorio clásico de cuerda, voz y viento.
interpretada por músicos de Sudáfrica y España con el apoyo de Spier Arts Trust. Al día siguiente, el 25 de marzo, el Auditorio 200 acogió el encuentro Pensar con el Guernica africano de Dumile Feni, una mesa redonda multidisciplinar en la que participaron Siyabonga Njica, de la University of Cambridge; Thozama April, conservadora jefe en el NAHECS de la University of Fort Hare; y Elvira Dyangani, directora del MACBA. Un panel que reunió perspectivas del arte, la antropología, los estudios africanos y la historia de la violencia: exactamente las que esta exposición reclama para ser entendida en toda su profundidad.
Hay exposiciones que uno visita para ver arte. Y hay exposiciones que uno visita para pensar. Esta es de las segundas, aunque también es, sin duda, de las primeras.
Ver el African Guernica de Dumile Feni cara a cara con el Guernica de Picasso es una experiencia que difícilmente dejará indiferente a nadie. No porque sean obras parecidas sino precisamente porque no lo son del todo. Porque cada una nació de un horror distinto, en un cuerpo distinto, en un continente distinto. Y sin embargo, las dos dicen lo mismo con una claridad que duele: que el sufrimiento humano no tiene fronteras, que la violencia del Estado tiene muchas formas, y que el arte puede nombrar lo que el lenguaje político a veces no alcanza.
La exposición puede visitarse hasta el 22 de septiembre de 2026 en la sala 205 de la Colección permanente del Museo Reina Sofía, en Madrid.


