La firma gallega presentó su colección Fall/Winter 2026 en uno de los espacios más icónicos de la capital francesa, apostando por un formato que va más allá del desfile convencional.

El pasado 5 de marzo, en plena ebullición de la Semana de la Moda de París, CORDERA se sumó al circuito de presentaciones de la temporada FW26, consolidando su presencia en una de las citas más importantes del calendario internacional de la moda. La firma eligió para la ocasión el Espace Niemeyer, ese edificio de líneas onduladas y cúpula blanca que el arquitecto Oscar Niemeyer diseñó para la sede del Partido Comunista Francés en el distrito 19 de Paris. Monumento histórico desde 2007, el espacio ha acogido a lo largo de los años presentaciones de grandes casas y sigue siendo uno de esos rincones parisinos donde la arquitectura ya dice algo antes de que empiece cualquier colección.
La elección del lugar no fue casual. Hay algo en la tensión entre las formas orgánicas de Niemeyer y la estética contenida y artesanal de CORDERA que funciona de manera casi instintiva: dos formas de entender la modernidad que se encuentran en el mismo sitio sin estridencias.

La firma gallega no optó por un desfile al uso. En su lugar, combinó una presentación de prendas con la proyección de Remnants, un cortometraje dirigido por Alexis Gomez que actúa como extensión visual de la colección. Este tipo de apuesta en donde la moda se apoya en el lenguaje cinematográfico para construir un universo propio, esto dice mucho de cómo CORDERA entiende el trabajo: no como un catálogo de looks, sino como una propuesta con algo que contar.
El título del cortometraje, Remnants, resuena directamente con el espíritu de la colección y con la filosofía de la marca que siempre ha puesto el valor en lo que perdura. La paleta de colores gira en torno al came, el blanco y el beige, con matices verdes y marrones que remiten al paisaje, a la tierra, a algo anterior a la moda. No hay nada artificial en esa elección cromática, funciona porque es honesta.

Los materiales refuerzan esa misma idea. Las lanas melange conviven con bordados artesanales que hablan de tiempo y de manos, con pieles suaves que aportan textura y volumen, y con tejidos técnicos que anclan la colección al presente. Es esa combinación la que hace que las prendas de CORDERA tengan ese punto de atemporalidad tan difícil de lograr: no pertenecen a una temporada concreta, sino a un armario que se construye poco a poco.
La inspiración parte de la vida cotidiana: la arquitectura, los paisajes, los materiales en bruto, las texturas que ofrece la naturaleza. Esa mirada, que podría resultar reduccionista en manos de otra marca, en CORDERA se traduce en prendas con verdadera profundidad. No hay ornamentación innecesaria, el detalle aparece en el lugar justo y con el peso justo. El efecto es tranquilo y reflexivo, dejando espacio para que sea quien la lleva quien tome el protagonismo.
Si hay un territorio en donde CORDERA ha construido su reputación con más solidez, ese es el punto. El knitwear es la categoría más característica de la marca, con jerseys y accesorios elaborados en fibras orgánicas y sin mulesing. Es un mundo que domina con una soltura que solo da el tiempo: saben cómo cae una manga, qué color respira un tejido, cómo envejece una prenda bien hecha. En la colección FW26, ese conocimiento acumulado se traduce en piezas donde la técnica no se exhibe, simplemente funciona.

La marca trabaja con máquinas de punto japonés para la precisión técnica, y cada pieza se termina a mano para garantizar calidad y durabilidad. Un proceso que en la industria actual resulta casi contracultural, pero define exactamente el tipo de moda que CORDERA quiere hacer.
CORDERA fue fundada en 2008 por las hermanas Monica y Maria Cordera en Galicia. Lo que empezó como un proyecto en solitario de Monica se convirtió pronto en una visión compartida cuando Maria se unió para liderar la dirección creativa. Desde el principio, la producción local fue una convicción, no una estrategia de marketing.
La marca empezó con pequeñas colecciones cápsula orientadas a invitadas, paso por el mundo de la novia, y acabó encontrando su lugar definitivo en el punto de calidad, atemporal y de edición limitada. Esa evolución natural, sin saltos bruscos ni reinvenciones forzadas, es en sí misma una declaración de intenciones. El minimalismo contemporáneo y la producción ética son las dos coordenadas sobre las que la marca construye cada colección, con una fabricación que sigue siendo cien por cien española.



La sensibilidad está cosida en el ADN de la marca: algodón orgánico, lanas libres de mulesing, alpaca suave, sintéticos reciclados y fibras utilizadas forman parte de sus materiales. La marca evita las colecciones consistentes y de bajo impacto que evolucionan con suavidad a lo largo del tiempo.
Esta no es la primera vez que CORDERA planta bandera en París. La temporada anterior, la firma presentó su colección SS 26 en los Riberolle Studios, un espacio industrial en el corazón de la ciudad, con una instalación artística de la artista española Alba Galocha y una actuación en directo de Ibeyi. Temporada a temporada, la marca gallega va construyendo su presencia en la capital francesa con una coherencia que resulta cada vez más evidente: cada presentación añade una capa al mismo relato.
Remnants, es un título que encaja perfectamente con lo que CORDERA lleva haciendo desde 2008: prendas que no se agotan en una temporada, espacios que son monumentos , material que respetan los que vienen después. La colección FW26 no es una ruptura ni una declaración de cambio de rumbo, es otra vuelta de tuerca en la misma dirección.



