La casa de textiles ofrece a los visitantes la oportunidad de crear piezas personalizadas a partir de materiales reciclados.
Por Marta Martínez
Las rayas representan un diseño atemporal, flexible y adaptable a cualquier entorno. Es por ello por lo que, hace dos años, Louisa Tratalos decidió que era el momento de emprender un proyecto que fusionara sus pasiones por el arte, la sostenibilidad y el diseño. Así nació su marca de textiles con patronaje a rayas. Pero no se trata de simples telas con líneas de colores. Cada combinación tiene una razón de ser, nace de la propia visión del cliente, que aporta detalles de su memoria al proceso de diseño. «Sólo quería hacer algo realmente especial para las casas de la gente y pensé en las rayas porque son moda atemporal», explica su fundadora.
La tienda, en el número 61 de Hackney Road, al este de Londres, es el corazón de este proyecto colaborativo. Al entrar, lo primero que llama la atención es una inmensa pared con una paleta de 180 colores. Desde suaves tonos tierra hasta vibrantes tonos eléctricos, la gama de opciones es tan diversa como los propios visitantes. «Era más la narración de historias. Seguir la raya y contar la historia; el cliente es el diseñador». Ellos eligen sus colores, y el equipo los ayuda a convertir esas elecciones en algo tangible: sofás, cojines, mamparas o incluso cortinas de baño.
Después, las ideas se trasladan al taller del sur de Manchester, donde el tejido a medida se fabrica por impresión digital a partir de botellas recicladas. «Odio la agricultura de masas y la industrialización excesiva», comenta Tratalos sobre su decisión sostenible.
Colours of Arley está formado por un equipo compacto pero eficaz. Con cinco empleados a tiempo completo y tres freelancers, todos ellos aportan su creatividad y experiencia a diferentes aspectos del negocio. Uno de sus mayores éxitos ha sido diseñar para residencias en todo el mundo, desde una guardería en Suiza o una habitación en París, pasando por sus últimos encargos: «Acabamos de estar en Sicilia porque hicimos una casa de huéspedes y una panadería, también. Y acabo de estar en Suffolk, en un lugar llamado Paradise Farm».
PULSA AQUÍ para acceder al artículo completo


